Capítulo 5
¡Nuestra propia fuerza… sale de nuestra debilidad!
Reconocimientos:
Actualmente, cuando nos enfrentamos con el que probablemente es el desafío más grande que la historia ha conocido, el nuevo libro de Og Mandino “El milagro más grande del mundo” debería de ser leído por todo director y vendedor de ventas del país.
Los ricos depósitos de inspiración dejados en las generaciones precedentes toman una importancia nueva y vital. Nunca antes hubo una época en la cual millones de personas necesitan desesperadamente Fe, Esperanza, Aliento, Paz mental de criterios e ideales por cuales vivir y sobre todo, una creencia duradera en el futuro y progreso de la humanidad.
Lester J. Bradshaw, Jr.
No volvimos a hablar del "Memorándum de Dios" durante el verano, y el otoño mientras que nuestra amistad se convertía gradualmente en un afecto especial.
El ir al departamento de Simón casi todas las noches, y pronto también a la hora de la comida se convirtió en lo más importante de mi semana. La sobria morada de Simón se convirtió en un oasis de paz y ecuanimidad durante todos los días de trabajo, y los fines de semana parecían ser
tortuosamente interminables por no poder estar con él. Además, por razones que todavía no entiendo, jamás se los mencioné ni a mi familia ni a nadie de Success Unlimited.
Simón se convirtió en mi padre adoptivo, en mi profesor, mi consejero de negocios, mi camarada, mi rabino, mi sacerdote, mi ministro, mi gurú... mi oráculo de Delfos. Cancelé invitaciones de negocios y escapé de funciones sociales para estar con él, y literalmente comencé a sentarme a sus pies para escuchar mientras daba una conferencia a su clase de un integrante, o sea, yo.
Demostrando tener una cantidad sorprendente de conocimientos y experiencia, podía hablar, en periodos que parecían ser demasiado breves, sobre el amor, la política, la religión, la literatura, la siquiatría, la naturaleza y aun hasta de temas mucho más exóticos como, por ejemplo, la percepción extrasensorial, la astrología y el exorcismo. En
ocasiones le estimulaba mediante una pregunta o una afirmación perfectamente bien calculada para mantenerle hablando o para introducir un nuevo tema en el que quería saber su opinión.
La profundidad de sus conocimientos, especialmente sobre filosofía y el comportamiento humano, nunca dejaron de sorprenderme.
En una ocasión interrumpió su plática, mientras se encontraba profundamente metido en la violenta condena de la actitud de complacencia, falta de orgullo, y niveles de mediocridad que estaba convencido se habían convertido en la forma de vida de nuestro mundo,
Para preguntarme si me había dado cuenta que al escucharle estaba tomando un curso de "pretrapero"...
que era igual al que otros tomaban de "premedicina" o "propedéutico de leyes".
Entonces se apresuró a demostrar su aprobación por mi presencia recordándome que quienes finalmente se convirtieron en los mejores traperos habían sido individuos, como yo, que habían estado dentro de los basureros y habían salido de su propio cementerio para vivir.
Durante cinco meses asistí a la mejor universidad del país.
El profesor Simón Potter impartía la cátedra.
Yo escuchaba... y aprendía... mientras el me presentaba hábilmente a sus favoritos, tanto vivos como muertos, mediante anécdotas fascinantes y poco conocidas o mediante citas que utilizaba para dramatizar su tema principal... o sea, que todos poseemos algo más que la
mera capacidad para cambiar nuestra vida por algo mejor... y que Dios nunca había puesto a ninguno de nosotros en un agujero del que no pudiéramos salir. Y que si estábamos encerrados en una prisión de fracasos y autocompasión, nosotros éramos los únicos carceleros... nosotros
Teníamos la única llave para nuestra libertad.
Habló del miedo a aprovechar las oportunidades, a aventurarse en empresas desconocidas y territorios que no eran familiares, y aun de como aquellos que
arriesgaban su futuro Para progresar necesitaban luchar constantemente contra esa urgencia de correr hacia su previo vientre familiar de seguridad sin importar qué tan sombría hubiera sido su vieja existencia. Simón señaló que Abraham Maslow, uno de los mejores sicólogos de Norteamérica, había llamado a esto el complejo de Jonás, o sea, el deseo de esconderse de la posibilidad de fracasar.
Creía fervientemente en la toma de decisiones y la posterior quema de los puentes que se encontraban detrás de uno para que se tuviera que hacer bien las cosas, y dijo como Alejandro Magno se había enfrentado una vez, a esta situación. Parece ser que el gran general iba a dirigir a sus hombres contra un fuerte enemigo cuyos hombres sobrepasaban en número a los suyos. Debido a la diferencia entre unos y otros, sus hombres mostraban poco
entusiasmo con respecto a la lucha, pues pensaban que se dirigían hacia su fin. Cuando Alejandro hubo desembarcado a sus hombres en la costa enemiga, expidió una orden para que fueran quemadas todas sus naves.
Mientras estas se hundían lentamente en llamas, Alejandro mandó llamar a sus hombres, y les dijo: "¿Observan cómo se queman sus barcos, ven como se convierten en cenizas que flotan en el mar? Esa es la razón por la cual debemos vencer, ya que ninguno puede abandonar esta despreciable tierra
a no ser que salgamos victoriosos en la batalla. ¡Caballeros, cuando regresemos a casa lo haremos en los barcos de los otros!"
Simón no creía que una persona debiera continuar en un empleo que le hiciera desdichado o miserable.
Citó a Faulkner para reforzar su argumento, tratando de imitar el acento sureño del gran escritor:
-"Una de las cosas más tristes de la vida es que la única cosa que podemos hacer durante ocho horas diarias, día tras día, es el trabajo. No podemos comer durante ocho horas al día, ni tampoco beber, ni hacer el amor durante ocho horas diarias... todo lo que podemos hacer durante ocho horas es el trabajo. Esta es la razón por la cual el hombre es miserable y desgraciado". Entonces, para resumir esa conferencia en particular, volvería a recalcar que debería abandonarse el empleo que hiciera que nos sintiéramos desdichados. Señor Og, no es cierto que la piedra que rueda no cría moho. ¡Una piedra que rueda puede criar moho y mucho más!
Presentó a Mark Twain para ilustrar su creencia de que la experiencia era por lo general una cualidad sobrestimada. Casi pude observar al viejo Samuel L. Clemens, con su arrugado traje blanco, mientras decía:
-"Deberíamos tener cuidado de obtener de una experiencia toda la sabiduría que contiene... no como un gato que se sienta sobre la estufa caliente. Nunca se volverá a sentar ahí... y eso está bien... pero tampoco se sentará en una fría.
Sentía poca compasión por aquellos que se quejaban de su condición o mala suerte debido a un impedimento ya fuera físico o del medio ambiente. Me
recordo la ceguera de Milton, la sordera de Beethoven, la poliomielitis de Roosevelt, la pobreza de Lincoln, el trágico matrimonio de Tchaikovsky, los aterradores primeros días de pobreza de Isaac Hayes, la ceguera y sordera de Hellen KeIler y hasta la salida del ghetto de Archie Moore. Revivió para
mi, hechos como el que John Bunyon escribiera su libro Pilgrim's Progress mientras se encontraba en prisión, el que Charles Dickens pegara las etiquetas de los recipientes de betún para zapatos, el que Robert Burns y Ulysses S. Grant debieran pelear contra el infierno del alcoholismo, y el que Benjamin Franklin tuviera que abandonar la escuela cuando solo tenía diez años de edad.
Después me habló de Eddie Rickenbacker, al cual se le preguntó, después de ser rescatado, qué lección había aprendido mientras se encontraba a la deriva con sus compañeros en la balsa durante los veintiún días que pasó perdido en el Pacifico durante la Segunda Guerra
Mundial. Su respuesta fue: "La lección más grande que aprendí es que si se tiene toda el agua fresca que se quiere y toda la comida que se desea, no debemos quejarnos de nada más".
Simón opinaba que ninguna persona tenía un defecto que no fuera en realidad un beneficio en potencia en lugar de una adversidad... y un día me contó una breve fábula. Una vez había un ciervo muy elegante que admiraba sus cuernos y odiaba sus horribles patas. Pero un día llegó un cazador y las horribles patas del ciervo le permitieron correr y salvarse. Más tarde, los hermosos cuernos se le enredaron en la maleza, y antes de que pudiera escapar, fue alcanzado por un tiro.
Simón me observaría y diría:
-Señor Og, cuando empiece a sentirse apenado por usted mismo, recuerde esta copla: "Me sentía triste... porque no tenía zapatos... hasta que en la calle... encontré a un hombre que no tenía pies".
Siempre estaba definiendo palabras abstractas mediante analogías llenas de color. En una ocasión, cuando le pedí que describiera el amor, me dijo:
-Hace algunos años, en la carrera de Indianápolis, el auto de un fino corredor, llamado Al Unser, derrapó y se estrelló contra la barda. Solamente estuvo unos segundos dentro de su auto, que se quemaba, cuando otro auto derrapó y se detuvo junto a él. Entonces, mientras que los demás automóviles pasaban peligrosamente cerca del segundo auto, salió de este un joven llamado Gary Bettenhausen, quien corrió hasta el auto de Unser y empezó a
sacarlo de entre las llamas. El señor Bettenhausen se olvidó por completo de que estaba en una carrera y que había gastado una fortuna y muchos meses de preparación para ganarla. Ese acto era, para Simón, lo que constituía el amor.
Simón tenía otro favorito dentro del mundo de, las carreras de automóviles, Stirling Moss. Después de citar el axioma de Thoreau que dice que los hombres nacen para triunfar, no para perder, el viejo imitaría con precisión el acento británico de Moss para subrayar que el hombre puede alcanzar cualquier meta si está deseoso de pagar por ello. Repetiría la frase célebre de Moss:
-"Se me enseñó que cualquier cosa puede alcanzarse si se está preparado para entregarse, para sacrificarse a fin de lograrlo, Sea lo que sea que quiera llevar a cabo, puede hacerlo, si se desea lo suficiente... y yo realmente lo creo. Creo que si yo quisiera correr un kilómetro en cuatro minutos, lo haría. Tendría que dejar a un lado todo lo demás en la vida, pero podría correr un kilómetro en cuatro minutos. Creo que si un hombre quisiera caminar sobre el agua y estuviera preparado para hacer a un lado todo lo demás, lo haría".
Y, por supuesto, Simón decía que la mayoría de los hombres renuncian demasiado pronto.
-Señor Og, en Sonoma, California, existe una maravillosa escuela de manejo para aspirantes a corredores de carreras o cualquiera que realmente desee aprender el arte de manejar. Se llama escuela Bob Bondurant, creo. Sus instructores dicen que la mayoría de los conductores de esta nación abandonan demasiado pronto sus autos cuando ven que están a punto de chocar.
Cuando se presenta la colisión dejan de tratar de salvar tanto al auto como a su persona mediante el viraje o la frenada adecuada, cuando podría hacerse mucho en el momento del impacto para disminuir la gravedad del choque. Se dan por vencidos... y pagan por ello. Lo mismo ocurre con la mayoría de los seres humanos... en la mayor parte de sus actividades cotidianas.
Entonces se levantaría, mirándome ceñudamente, extendiendo dos dedos en forma de V, para decirme lo que consideraba que Winston Churchill había proclamado como el secreto más grande para triunfar y que sólo contenía siete palabras.
-¡Nunca, nunca, nunca, nunca darse por vencido!
Aun cuando sus conversaciones se desviaban del tema, finalmente volvían hacia su gran interés por la creciente falta de dignidad del hombre y su común producto final, la muerte viviente. Lo que más le frustraba eran los muertos en vida que terminaban por convertirse en reales suicidas, vidas que no había podido salvar debido a que, como él decía, sencillamente "no podía estar en todas partes" y nunca parecía haber suficientes traperos.
-Señor Og, vea que hora es. Fíjesela en su mente y después recuerde esto: ¡Para mañana por la noche, a esta misma hora, más de novecientos cincuenta individuos tratarán de suicidarse en este país! ¡Piense en eso! ¿Y sabe qué? ¡Más de cien tendrán éxito!
Golpearía el brazo de su sillón y continuaría:
-Eso no es todo. Tendremos cuarenta nuevos adictos a la heroína en las próximas veinticuatro horas. Treinta y siete personas morirán debido al alcoholismo... y casi cuatro mil individuos desafortunados tendrán su primer colapso nervioso para mañana a esta misma hora. Después piense en las otras formas en las que demostramos que tan poco apreciamos la sorprendente creación que somos. En las próximas veinticuatro horas aproximadamente, seis mil individuos serán arrestados por encontrarse ebrios y trastornados, y más de ciento cincuenta que tan poco valoran sus preciosas vidas al manejar demasiado rápidamente, ocasionando su propia muerte o la de otros. Señor Og, ¿sabe usted por qué razón sucede esto, y por qué aumenta rápidamente aquí y en todo el mundo?
Simplemente negaría con la cabeza y esperaría.
-Debido a que todos nosotros sabemos que podemos ser mejores de lo que somos. Oh, es verdad que la mayoría de los seres humanos no pueden traducir este sentimiento en palabras, pero ha habido algo que le aleja, por completo, del reino animal. Y ese algo, prácticamente una segunda conciencia, continúa recordándonos durante los momentos más inesperados de nuestra estúpida vida que no estamos viviendo al máximo. Por lo tanto, esto solamente es lógico si sabemos que podemos ser mejores y no lo intentamos; si sabemos que podemos obtener más bienes mundanos y no lo hacemos; si sabemos que podemos realizar un trabajo más difícil y mejor pagado y no tratamos... entonces no pensamos mucho acerca de este
fracaso que se pasea por ahí llevando nuestro nombre. Gradualmente aumenta nuestro odio hacia esa persona. ¿Conoce algo de Maslow, señor Og?
-Jamás he sido capaz de entender lo que ha escrito.
-Maslow no es difícil si se lee lentamente y se piensa... dos actividades pasadas de moda en este país, creo. En una ocasión Maslow escribió que o las personas hacen cosas que son buenas y adecuadas y, por lo tanto, se respetan a sí mismas, o hacen cosas despreciables y se sienten desdeñables, sin valor e incapaces de ser amados. Para mi forma de pensar, Maslow no fue lo suficientemente lejos. Creo que la mayoría de los seres humanos se sienten
despreciables, sin valor y sin amor, sin hacer cosas despreciables. Solo con ser desaliñados en su trabajo o por no preocuparse por su apariencia, o no estudiar o trabajar un poco más para mejorar su posición en la vida, o por tomar ese trago innecesario, o por realizar otros mil actos
pequeños y estúpidos que empañan su propia imagen ya magullada es suficiente para aumentar el odio que sienten por sí mismos. La mayoría de nosotros no sólo tenemos el deseo de morir... ¡también el deseo de fallar!
Algunas veces Simón citaría a un escritor que citaba a otro.
-Señor Og, todos somos desdichados. Henry Miller siempre estuvo obsesionado por la frase de Tolstoi que dice: "Si eres desdichado... y yo sé que lo eres".
-Pero, Simón, la mayoría de nosotros somos desdichados sólo porque tenemos problemas.
Puedo llevarle, en este preciso momento, a un hospital de esta ciudad, en el cual hay pabellón tras pabellón de personas tremendamente felices... las cuales ríen todo el tiempo... ya no se enfrentan a sus problemas... y sus ventanas tienen barrotes.
-No estoy sugiriendo un estado eufórico imposible de felicidad permanente como una concha que durara toda la vida y nos protegiera. Eso es imposible. Los problemas, grandes y pequeños, estarán con nosotros mientras vivamos. Norman Vincent Peale dijo en una ocasión que la única vez que había encontrado personas sin problemas fue cuando se encontraba paseando en un cementerio. No, la felicidad no es la cura para todo, es un antídoto... algo que nos permitirá tratar y hacer frente a nuestros problemas y aun así mantener nuestra dignidad para que no renunciemos a la raza humana... y la última forma de renuncia es, por supuesto, el suicidio.
-¿Por qué diablos no podemos lidiar adecuadamente con nuestros problemas, Simón? ¿Por qué todos somos tan desdichados aun cuando los ingredientes para ser felices se encuentran a nuestro alrededor? ¿Es esta otra maldición, como el pecado original, solamente que peor?
-¿Por qué no somos felices? Lo repetiré para usted. Somos desdichados debido a que ya no poseemos dignidad. Somos desdichados debido a que ya no creemos ser un milagro especial, una creación especial de Dios.
Nos hemos convertido en ganado, en cifras, en tarjetas perforadas, en esclavos, en habitantes de ghettos. Nos observamos en el espejo y ya no vemos las cualidades divinas que una vez fueron tan evidentes. Hemos perdido la fe en nosotros mismos. Realmente nos hemos convertido en el mono desnudo del que habló Desmond Morris.
-¿Cuándo comenzó todo esto?
-No estoy completamente seguro. Pero, por supuesto tengo una hipótesis. Creo que comenzó con Copérnico.
-¿Copérnico? ¿El astrónomo polaco?
-Sí. En realidad era médico. La astronomía era sólo un pasatiempo. Antes de Copérnico, el hombre realmente pensaba que vivía en el centro absoluto del universo de Dios, aquí en la tierra, y que todas esas pequeñas luces de arriba estaban ahí sencillamente para deleitarlo, entretenerlo e iluminarlo. Entonces, Copérnico probó que nuestro planeta no era el centro de ninguna cosa y que constituía solamente otra pequeña luz redonda de polvo y piedra que se movía en círculos en el espacio permaneciendo cautiva de una inmensa bola de fuego mucho más grande que la Tierra. Esto constituyo un tremendo golpe para nuestro ego. Durante siglos nos negamos a aceptar los brillantes descubrimientos de este hombre. Para pagar ese precio, el conocimiento de que éramos menos que los pequeños niños de Dios, era terrible de contemplar. Por ello pospusimos el pago. Nos negamos a escuchar.
-¿Y después?
-Cuatrocientos años más tarde nuestra dignidad fue gravemente herida de nuevo. Gran Bretaña produjo un brillante naturalista, Darwin, quien nos dijo que no éramos criaturas especiales de Dios, sino que teníamos nuestro origen en la evolución del reino animal. Todavía le asestó otro golpe más a nuestra dignidad diciéndonos que descendíamos del reino animal. Esto constituyó
una pastilla desagradable para que el hombre se la tragara. Durante muchos años, como usted sabe, no había podido terminar de tragarla. Y para muchos constituyó una bendición ya que se reconocía y perdonaba mediante la ciencia el comportamiento bestial de la humanidad.
Después de todo, si éramos animales, ¿qué podía esperarse de nosotros? Así pues, nuestra imagen, nuestra dignidad y nuestro amor propio se deslizaron un poco más por la ladera de la miseria y el infierno. Darwin nos proporcionó nuestra licencia animal.
-¿Después de Darwin ...?
-¿Después de Darwin? ¡Freud! Y más ventanas rotas en la casa de la dignidad. Freud nos dijo que, éramos incapaces de controlar muchas de nuestras acciones y pensamientos y que no podíamos entenderlos, ya que su origen se encontraba en las experiencias de nuestra niñez más temprana y se relacionaban con el amor y el odio y la represión, ahora enterradas profundamente en nuestra mente subconsciente. Esto era todo lo que necesitábamos. Ahora teníamos el permiso de uno de los doctores más brillantes del mundo para hacer cualquier cosa que deseáramos para nosotros mismos... y para los demás. Ya no necesitábamos una explicación racional acerca de nuestras actividades. Sólo actuar... y echarle la culpa de todo a nuestros padres.
-Simón, deje asegurarme de que he comprendido lo que está diciendo. Su postura es que el hombre, en una época, posiblemente mediante una comunicación más íntima con su dios, creyó que realmente era una creación maravillosa, un ser superior hecho a imagen de Dios. Después empezó a hacer descubrimientos que gradualmente destruyeron la alta opinión que tenía de sí mismo, hasta que finalmente llegó a pensar: "Si no somos seres semejantes a Dios; si no vivimos en el centro del mundo de Dios; si en realidad sólo somos animales, y si no podemos controlar y explicar muchas de nuestras acciones, entonces no somos de mayor trascendencia que la maleza de nuestro jardín. Si en verdad no somos mucho más que cualquier cosa,
¿entonces, cómo podemos estar orgullosos de nosotros mismos? Y si no estamos orgullosos de lo que somos, ¿cómo podemos apreciarnos a nosotros mismos? Y si no nos apreciamos, ¿Quién va a querer vivir con esa clase de personas...? por lo tanto... librémonos de nosotros mismos.
Manejemos demasiado aprisa, o bebamos y comamos demasiado, o hagámonos los tontos a propósito para que nos despidan del trabajo y podamos meternos en un rincón a chuparnos el dedo y nos digamos a nosotros mismos que de cualquier forma no tenemos ningún valor, así que se vaya todo al diablo. ¿Es eso?
-Exacto.
Ahora me tocaba hablar a mí.
-Permítame añadir lo que puede ser otro clavo en el ataúd de la dignidad, Simón, siempre y cuando se pruebe que es correcto. ¿Ha oído hablar del profesor Edward Dewey y su Fundación para el Estudio de los Ciclos de la Universidad de Pittsburg?
-Sí. Hace muchos años adquirí una gran colección de ejemplares mensuales de la revista Cycles editada por su fundación. Deben estar empacados en algún lado. ¿Qué pasa con él, señor Og?
-El profesor Dewey ha pasado más de cuarenta años de su vida estudiando los ciclos, fluctuaciones rítmicas que se repiten con regularidad en todo desde los temblores hasta la abundancia de las cosechas y el precio de las acciones del mercado y las erupciones del Sol, y varios cientos más de diversas disciplinas.
-Lo sé.
-El profesor Dewey me visitó, hace tres años, y dijo que estaba impresionado por mis escritos en la revista Sucess Unlimited. Me preguntó si me gustaría trabajar con él en la creación de un libro sobre los ciclos que pudiera ser entendido por todos. Me sentí tan complacido debido a su petición que así la oportunidad por los cabellos. Pase más de un año escarbando en sus archivos, notas y gráficas y, finalmente, escribimos un libro llamado Cycles, Mysterious Forces That Trigger Coming Events.
-Señor Og, mientras más le conozco más me sorprende usted.
-Eso es mutuo, Simón. De cualquier forma, el profesor Dewey piensa que puede existir otro factor que afecta nuestras actividades y actitudes. Piensa que existe una gran posibilidad de que diversas posiciones planetarias, cuando tienen lugar, pueden ejercer algún tipo de fuerza inmensurable que afecta nuestro comportamiento en grupo, de forma que algunas veces nos hacen pelear, otras amar y otras nos hacen pintar, componer y escribir... y mientras tanto pensamos que hacemos estas y otras cosas simplemente por razones lógicas. Dice que bien podemos ser marionetas que penden de un hilo y que debemos aprender que es lo que controla dicho hilo, más allá, y entonces cortarlo, porque de otra forma nunca alcanzaremos totalmente nuestro potencial ni volveremos a obtener nuestra dignidad.
-Me agrada su profesor, señor Og. Ahora, si usted ha crecido y se ha educado con las posibilidades que dicen que solamente es un grano de arena con un poco de dominio si no es que nada sobre su destino, y después se ve expuesto, cada día, a sucesos que agotan su individualidad, y está inmerso constantemente en la basura negativa arrojada por los periódicos, la radio, la televisión, el cine y el teatro y combina todo eso con el interés por su propia seguridad, sus ahorros, el bienestar de su familia, su futuro y después añade a esto el miedo acerca de que el mundo se está convirtiendo en un lugar inmundo de contaminación o puede brotar por sí mismo un día de florecimiento, ¿cómo puede realmente mantener un grado de dignidad cuando debe pasar la mayor parte de su tiempo, y esfuerzo sencillamente tratando de sobrevivir? ¿Para qué pensar que se es algo grande? ¿Qué puede haber agradable en usted?
¿Qué tiene de maravilloso esta vida? ¿Quien llamó a esto un paraíso?
-Viejo amigo, de alguna forma me está pidiendo respuestas retóricas.
Simón frunció el entrecejo y sus hombros se hundieron momentáneamente por la debilidad de su descubrimiento. Posteriormente una amplia sonrisa desfiguró su rostro, sus ojos se abrieron al máximo, y subió el volumen de la voz.
-La respuesta paradójica, señor Og, es que a pesar de todas las fuerzas arregladas en contra nuestra aún seguimos queriendo estar orgullosos de nuestra vida. Seguimos deseando, con todo el corazón, alcanzar el máximo de nuestro potencial, y esto se debe solo a la pequeña llama de esperanza que sigue encendida dentro de nuestro ser y que sacude la vergüenza de nuestro fracaso y nuestro descenso gradual hasta la vergüenza común de la mediocridad.
Somos como esas figuras de las pinturas del Renacimiento que muestran almas condenadas al infierno que se deslizan hacia el fuego mientras que sus manos permanecen extendidas hacia arriba, aun tratando de asirse de algo, aun buscando ayuda, ayuda que por lo general nunca llega.
-¿Hay alguna esperanza, Simón? ¿Sirve de algo encender una pequeña vela en toda esta oscuridad?
-Siempre hay esperanza. Cuando se haya terminado toda esperanza, el mundo llegará a su fin.
Y no piense en una sola vela cuando busque sobrepasar la oscuridad de la desesperación. Si todos encienden una vela podríamos convertir la noche más oscura en el día más claro.
Traté de jugar al abogado del diablo.
-¿Pero no se ha estropeado y herido la raza humana debido al deseo de reparación? El mundo se mueve demasiado aprisa para el común de los mortales. Se hace a un lado, desde una temprana edad, y le deja su lugar al listo, al que no es escrupuloso y al mezquino. Por cada historia de éxito en este mundo existen mil fracasos miserables y la proporción no parece cambiar en una buena dirección al mismo ritmo que aumenta la población.
-Señor Og, me sorprende oírle hablar en esta forma. Parece estar midiendo el éxito y el fracaso como todo el mundo. No puede creer lo que está preguntando. No pudo haber escrito su libro pensando que el éxito se mide únicamente mediante balances bancarios.
-Tiene razón, Simón. Sin embargo, no puedo decirle en cuantos programas de aquellos en los que he tomado parte me han preguntado esto, ni cuantos individuos que no han leído mi libro y me han entrevistado, suponen que he escrito otro libro que le dice al lector como triunfar, lo cuál siempre se pone en paralelo con la manera de ser rico. Enfrentémonos a ello. En este país las palabras "rico" y "éxito" son sinónimos.
-Lo sé. Pero aunque sea triste, es la realidad.
-Y cuando trato de explicar frente a las cámaras que el libro tiene muy poco que ver con una ganancia financiera y mucho con paz mental o felicidad, con frecuencia consigo que se rían de mí y me hagan una serie de preguntas sumamente difíciles de contestar.
-¿Me podría dar un ejemplo, señor Og?
-Sí. Me dicen, por ejemplo, que es muy fácil hablar acerca de la felicidad y la paz espiritual, pero ¿cómo consigue que sonría un hombre sin empleo y que tiene que alimentar cinco bocas y no tiene nada en el refrigerador? ¿Cómo tranquiliza la mente y el alma de una joven madre de un ghetto que ha sido arrastrada por su medio mientras lucha para sostener a sus tres hijos sin padre? ¿Como convence a un agonizante que todavía puede disfrutar lo poco que le queda de vida? ¿Qué le dice a una ama de casa convencida de que está condenada a una vida de platos sucios y camas deshechas?
-Ninguno de los problemas que mencionó son fáciles de resolver; sin embargo, déjeme recordarle, una vez más, que cada uno de esos individuos y todos en este mundo siguen poseyendo su propia luz dentro de su ser. Puede haber disminuido en algunos, pero le digo que... ¡nunca, nunca se extingue! Mientras exista un aliento de vida habrá esperanza... y aquí es donde entramos los traperos. Sólo denos una oportunidad y nosotros podemos suministrar el combustible que será absorbido por cualquier luz sin importar que tan débil sea. Un ser humano, amigo mío, es un organismo adaptable y sorprendente, capaz de resucitarse a sí mismo de su muerte viviente, muchas veces, si se le da la oportunidad y se le muestra el camino.
-¿Es ahí en donde trabajan ustedes los traperos? ¿Entre los muertos en vida... entre los perdedores de la humanidad?
-Generalmente, sí. He descubierto que la mayoría de los individuos no desean ni están dispuestos a aceptar ayuda antes de tocar el fondo. En ese momento creen que ya no tienen nada que perder y, por lo tanto, son mucho más receptivos hacia mi sencilla técnica para ayudarles y que traten de empezar una nueva vida... para realizar el milagro más grande del mundo... para resucitar de sus muertes vivientes. ¿Acostumbra leer a Emerson, señor Og?
-No lo he leído desde mi último año de preparatoria.
-¡Qué lástima! Emerson debería ser leído por personas de treinta y cuarenta años de edad, no por adolescentes. Emerson escribió: "Nuestra fuerza nace de nuestra debilidad. La indignación que se arma con fuerzas secretas no despierta hasta que nos sentimos heridos y timados y penosamente abrumados. Cuando un hombre es empujado, atormentado, despreciado, tiene la oportunidad de aprender algo; se le ha dado ingenio, humanidad; ha obtenido hechos; aprende de su ignorancia; está curado de su locura de orgullo; ha obtenido moderación y una habilidad verdadera.
-Pero, ¿no es un sueño imposible su última meta? ¿No está tratando, como Quijote, de escapar de la realidad de esta vida, y no le importa estar condenado al mismo destino? Los viejos valores, los viejos principios, ya no funcionan actualmente. Lo que debe hacer para que ellos encuentren nuevamente su significado es cambiar por completo su medio ambiente. Simón, está hablando de cambiar el mundo. Se ha tratado de hacerlo una y otra vez. Hemos conseguido un Quien es Quien de Mártires que ha tratado y ha fallado.
-Ellos no fracasaron. Mientras la poderosa Roma se derrumbaba a su alrededor, un sabio llamado Paulino siguió cuidando un pequeño templo para mantenerse cuerdo y ecuánime. Actualmente puede encontrar en una librería las sabias palabras de este hombre... de este viejo y sabio trapero. Los mártires no fracasan cuando su corazón deja de latir. ¡Si hubieran fallado, usted y yo no estaríamos aquí sentados discutiendo la posibilidad de llevar a la práctica su meta común de hacer de éste mundo un lugar mejor en el cual puedan vivir todas las criaturas de Dios!
El viejo regresó a su sillón, y posó una de sus manos en mi rodilla.
-Señor Og, ¿por qué no tratar de cambiar al mundo? ¿Por qué no enseñarles a otros que pueden realizar un milagro en sus vidas? ¿Qué importancia puede tener para el hombre no vivir en el centro del universo si puede crear su propio mundo hermoso? ¿Por qué debe preocuparse el hombre por haber descendido del reino animal una vez que se da cuenta de que posee poderes que ningún otro animal tiene? ¿Y por qué preocuparse de que algunos de sus actos sean causados por impresiones de su juventud enterradas en su subconsciente cuando aún tiene la fuerza para dominar su mente y así ordenar su destino último? Solo el hombre, a su modo, tiene la última decisión sobre cómo vivir su vida.
Había dicho tantas cosas profundas y con importancia que yo tenía que interrumpir nuestra discusión o, por lo menos, alivianar el estado de ánimo para tener tiempo de digerir todos sus comentarios. Por lo tanto, prendí un cigarrillo y traté de hacer que picara el anzuelo.
-Simón, los astrólogos no tomarían muy en cuenta sus comentarios acerca del hombre pudiendo controlar su propio destino.
Asintió con la cabeza, con tristeza, y sonrió.
-Los videntes, los astrólogos, los médicos, quienes leen la mano, los numerologos, los síquicos... cada era tiene muchas frazadas de seguridad.
El viejo me despeinó.
-¿Conoce algo de Shakespeare, señor Og?
-Un poco.
-“La falta, querido Bruto, no está en nuestras estrellas, sino en nosotros mismos...”
Simona.
Continuará.
IL Divo - The impossible Dream.

gracias enserio el capitulo me ha servido muxo........mil veces gracias me salvaron un area (5 materias) se les agradece........=D
ResponderEliminaruffp
ATT:
Gracias a ti por visitar el blog, eso me anima a continuar, que me falta por subir cinco capitulos del mejor escritor para MI, de todos los tiempos... Mi muy querido OG.
ResponderEliminarSimona.