martes, 28 de diciembre de 2010

cuando me recuerdes.....

 EN ESPECIAL PARA TI.



Sin dudar, este año le ha dejado ha este blog, muchisimas alegrias, realizar uno de mis sueños... escribir, no hubo mucho inspiracion, pero si varios capitulos de mi queridisimo Og, que alla donde esta y si se donde esta... en el umbral de malunka me  ha felicitado y me ha pedido que yo siga adelante, pero como el sabe, la inspiracion no se compra, ella llega de repente.. asi nomas.... como el amor.Te doy las gracias porque gracias a ti, soy una romantica soñadora, llena de ideales  y de deseos y sueños por realizar en este 2011 que ya esta a unos dias de llegar. Yo se que ya no estas presente, pero vives en mi corazon y en mi pensamiento.. y con eso.... es mas que suficiente.
Este blog ha sido creado para satisfacer mi deseo de dar superaciòn personal, deseo que amigo lector, puedas disfrutarlo y tomar de el, todo lo bello que contiene.
les deseo el mejor de todos los años nuevos, este 2011, plagado de buenos sentimientos y deseos, atras el pesimismo, ese es de cobardes. y para ello, les dejo una hermosisima cancion con mucho contenido poetico. gracias a la persona que lo escribio.

Cuando me recuerdes
si es que me he ganado ese gran honor
De ocupar tu mente
Aunque sea un instante
Y pienses en mi

Trata de borrar las cosas malas
Y deja que te lleve el corazón
Por que este loco afán de amarte
Me ha llevado a dedicarte
Esta canción

Dicen que el amor
Que el amor es ciego
Y eso no es verdad
Por que yo te he amado
Con la vista clara
Y con libertad

Si como potro desbocadoA
Algún día te hice daño
Y no supe ser mejor
Para llegar a tu estatura
Intenté de todo
Para ganarme
Un poquito de tu amor.

Cuando me recuerdes
Si es que tengo un sitio en tu corazón
Sabrás que en el mio
Nunca tuve espacio
Para nadie más

Y de todo loque hemos vivido
Recuerda solamente lo mejor
Pues por llegar a tus alturas
Me tropezaba en el intento cada vez

Hoy solo quiero agradecerte
Cada frase cada instante
Que he pasado junto a ti

Para mi la vida misma
Tuvo algún sentido
Desde ese día inolvidable
Y aquel momento insuperable en que te vi

Todo esto quiero que recuerdes
Sólo si es que me he ganado
Ese honor.

                     CUANDO ME RECUERDES- CARLOS CUEVAS.
Con todo mi amor.... para las tres personas mas importantes en mi vida....
ATTE,      SIMONA.
 

jueves, 11 de noviembre de 2010

EL MILAGRO MAS GRANDE DEL MUNDO. CAPITULO 8


Capítulo 8

La Perseverancia… es uno de los secretos más importantes del éxito.


Querido señor Og:
No estoy bien preparado para tratar con las legalidades específicas y tardadas para la escrituración de mi último deseo y testamento. Permita que esta carta sea suficiente.
Durante el pasado año usted trajo amor, compañía, risa y agradable conversación, para  no mencionar un geranio rojo inmortal, a la vida de un viejo trapero.
Los traperos, debido a la naturaleza de su profesión elegida, no están acostumbrados a
estar en el extremo del recibimiento de los regalos más finos de la vida, ni tampoco es inteligente estar demasiado unidos con aquellos a los que se pretende ayudar.
Sin embargo, existen ocasiones en las cuales los maestros tienen que ser enseñados, los doctores deben ser curados, los abogados deben ser defendidos, los actores deben ser espectadores, y hasta los traperos deben ser amados.
Sé que usted me ha amado, al igual que yo lo amo.
Por lo tanto, es propio que le deje como legado la copia original del "Memorándum de Dios",
no sólo para cumplir mi promesa, sino también para la culminación de esa larga serie de coincidencias aparentemente milagrosas entre el gran vendedor de su libro y mi persona.
Posiblemente después de haberse beneficiado de la mucha introspección y pensamientos relacionados con nuestra amistad, podrá darle la perspectiva adecuada a los pasados doce meses y hasta llegue a la conclusión final de que no era una tarea tan difícil escribir un memorándum proveniente de Dios, como lo fue que aceptara su existencia.
Debido a que sé que usted es un hombre impetuoso, estoy seguro de que mucho antes de haber llegado hasta este punto de mi carta ya ha estado  buscándome en vano, y ahora se siente atormentado por la pena y La preocupación por mi bienestar. No tema. Borre toda preocupación de su mente. Con las palabras de otro trapero le pido ahora que no se apene más... ya que a donde voy no puede seguirme ahora, pero algún día lo hará.
No olvide que usted y yo tenemos un contrato. El "Memorándum de Dios" está ahora en su posesión y deseo que lo comparta, finalmente, con el mundo, pero sólo después de que haya aplicado sus principios a su propia vida, de acuerdo con mis instrucciones.
Recuerde que las tareas más difíciles son consumadas, no por una explosión repentina de energía o esfuerzo; sino por la aplicación diaria y constante de lo mejor que tiene dentro de su ser.
Para cambiar la propia vida para bien, para resucitar el propio cuerpo y mente de la muerte viviente, se requiere de muchos pasos positivos, uno enfrente del otro, con la vista siempre puesta en sus metas.
El "Memorándum de Dios" solo es su pasaje, hacia una vida mejor. No hará nada por usted a menos que usted abra su mente y su corazón para recibirlo. Por sí mismo no le moverá ni una sola pulgada hacia ninguna dirección. Los medios de trasporte y las fuerzas para romper su inercia deben ser generados por fuerzas dormidas desde hace mucho tiempo, pero que aún
Están vivas dentro de su ser. Siga estas normas y sus fuerzas se autoimpulsarán:
1. Primero, marque este día en su calendario. Después cuente hasta que llegue al día número cien y  márquelo.  Esto establecerá la duración de su misión sin tener necesidad de contar cada día que pasa.
2. En seguida, en este sobre encontrará un alfiler de seguridad, al cual se le ha añadido una pequeña pieza de tela blanca en forma de cuadro. Esta combinación de alfiler y tela, dos de los materiales más comunes y poco atractivos del mundo, constituyen un amuleto secreto de trapero. Úselo en un lugar visible como un recuerdo constante durante los próximos cien días,
de que usted está tratando de vivir de acuerdo con el “Memorándum de Dios”.
Su alfiler y tela son símbolos... signos de que se encuentra en el proceso de cambiar su vida de alfileres y trapos de fracasos por los tesoros de una vida nueva y mejor.
3. Por ningún motivo y bajo ninguna circunstancia divulgue el significado de su amuleto a quienes pudieran preguntarle durante su misión de cien días.
4. Lea el "Memorándum de Dios" antes de acostarse, cada día, durante cien noches... y después duerma en paz, mientras el mensaje que ha leído penetra gradualmente hasta lo más profundo de su mente, que nunca duerme. No permita que ninguna razón o excusa interfiera con la lectura diaria de este  documento, ni una sola noche.
Gradualmente, mientras los días se convierten en semanas, notará grandes cambios en su vida... al igual que los notarán quienes lo rodean. Al llegar el día número cien... usted será un milagro viviente...
una persona nueva... llena de belleza, maravillas, ambición y capacidad.
Entonces, y sólo entonces, encuentre a alguien, que, al igual que su antigua persona, necesite ayuda.
Dele a esa persona dos cosas: su amuleto secreto de trapero... y el "Memorándum de Dios".
Y dele algo más... al igual que yo se lo di a usted... dele amor.
Puedo ver el día en que observaremos a miles y miles de individuos usando nuestros amuletos de traperos. Las personas se encontrarán en los mercados, en la calle, en los templos, en las plazas públicas, en sus escuelas, y en sus trabajos y observarán los alfileres y
telas de los otros y sonreirán a sus hermanos y hermanas... ya que cada uno sabrá que el otro
se ha embarcado en la misma misión, en el mismo sueño, y que tienen un propósito común...
cambiar su propia vida por una mejor y, así, unidos cambiarán el mundo.
Sin embargo, puedo profetizarle muchas situaciones difíciles, señor Og. Puede decidir finalmente publicar un libro en el cual incluirá el “Memorándum de Dios”, y su editor le pedirá,
sin que le quede otra salida que aceptar, que realice algunos viajes de promoción como lo ha hecho con sus demás libros. ¿Cómo explicará el "Memorándum de Dios", tomando en cuenta que será imposible probar que su creador, su autor realmente existió?  Se le presentarán desafíos muy severos sobre su integridad y posiblemente estará en peligro su cordura debido a
aquellos que se nieguen a aceptar su historia si la cuenta tal y como la vivimos. ¿Cómo culparles?
No ha pasado mucho tiempo desde que los seres humanos eran crucificados, decapitados o quemados por mucho menos de lo que se le pedirá que diga con el fin de ser verídico con respecto a mí y al “Memorándum”.
Sin embargo, lo dejo en sus manos con fe absoluta de que lo tratará como a un niño al que se ama. Sé cómo le gustan los retos, así que lo reto a que lo utilice; lo reto a que lo publique y lo desafío para que lo dé a conocer al mundo entero.
En una ocasión dijo haber tenido una premonición sobre mi persona. Al leer estas palabras sabrá que nunca nos volveremos a ver por lo menos durante mucho tiempo, No habrá más horas juntos en las que podamos saborear nuestro jerez en la paz y el calor de una gran amistad que no conoció las barreras del tiempo y del espacio. Lo dejo, por ahora, no con
tristeza, sino con satisfacción y felicidad de haber caminado juntos, hombro con hombro, a
través de este breve momento de eternidad. ¿Quién puede pedir más?
Algún día, cuando el mundo se le cierre, como sucederá de cuando en cuando, sírvase una copa de jerez y piense acerca de su viejo trapero. Mis bendiciones le acompañarán siempre, y mi única petición es que continúe escribiendo sin importar las circunstancias que le rodeen. Todavía tiene mucho que decir. El mundo lo necesita. Los traperos lo necesitan. Yo lo necesito.
Uno de mis amigos más queridos, Sócrates, dijo, al final de su vida: "La hora de mi partida ha llegado, y seguimos nuestro camino... yo muero, y tú vives. Qué es mejor, sólo Dios sabe".
Señor Og, yo sé qué es mejor. Vivir... es mejor.
Viva feliz... y con una paz duradera.
Con amor, Simón.
Hice a un lado su carta y observé las páginas escritas a máquina.
Tomé el alfiler de seguridad del cual pendía el pedazo de trapo blanco y puse el amuleto en la solapa.
Tomé mi calendario de cinco años y me lo acerqué.
Dibujé un círculo sobre la fecha y conté hasta cien, terminando bien entrado el año.
Tracé un círculo sobre el día número cien.
Hoy por la noche, antes de apagar la lámpara de noche, leería el "Memorándum de Dios" como
me había indicado.
Tenía las manos unidas firmemente. Incliné la cabeza hasta que la frente tocó el escritorio.
¿Por qué estaba llorando? ¿Se debía a que Simón me había dejado? ¿Era porque había sospechado, demasiado tarde, su verdadera identidad?
¿O se debía a que sabía que mi vida, mis sueños,
mi mundo, nunca serían los mismos, ahora que él había puesto sus manos sobre ellos...?
SIMONA.
Continuará…
                          I'LL NEVER LOVE THIS WAY AGAIN-DIONE WARWICH. 
 SENCILLAMENTE-FABULOSA.


domingo, 24 de octubre de 2010

EL MILAGRO MAS GRANDE DEL MUNDO. CAP. 7


Capítulo 7

¿Porque es fácil identificarse con Og Mandino cuando se leen sus obras?
Porque   “De la abundancia del Corazón… habla la boca”
El Milagro más grande del mundo, revela los horizontes de seguridad, felicidad y realización personal que EL VENDEDOR apenas le hizo vislumbrar. Donde el Vendedor se quedó… El Milagro… Empieza.

El grueso sobre de manila descansaba ominosamente sobre mi escritorio ese lunes que jamás olvidaré.
Había estado de viaje nuevamente en lo que estaba convencido que sería el último viaje de promoción de mi libro. Este aburrido viaje había tomado dos semanas, doce vuelos, diez ciudades, diez camas de hoteles extrañas, diez llamadas tempraneras para despertarme... y la misma serie interminable de preguntas y respuestas desde Nueva Orleáns hasta Monterey.
Llegué temprano a la oficina esperando poder adelantar el trabajo acumulado en la canastilla de “entradas”. El olor del café recién hecho impregnaba el lugar. Solamente Vi Noramzyk, quien había llegado temprano desde siempre, se me había adelantado.
Tomé el sobre marrón y observé la cuidadosa escritura europea del anverso con una combinación de horror y pánico. En la esquina superior izquierda, en donde generalmente se
escribe el remitente, se encontraban las siguientes palabras:
Un regalo de despedida de parte de un viejo trapero.
En el centro del sobre se encontraba mi nombre y la dirección de mi oficina:
Sr. OgMandino, Presidente de la revista Sucess Unlimited
6355 Broadway Chicago, Illinois 60660
En la esquina superior derecha se encontraban las estampillas con valor de un dólar veinte céntimos. No estaban canceladas. No había ninguna marca de la oficina de correos.
Aventé el paquete y salí corriendo de mi oficina justo en el momento en el que empujé la puerta que da al corredor, Pat entraba. Su sonrisa de bienvenida se esfumó cuando observó
la expresión de mi rostro.
-¿Qué pasa?
La así por un brazo y prácticamente la empujé hasta mi oficina. Entonces me incliné hacia el escritorio para levantar el sobre de donde lo había arrojado y se lo mostré.
-¿Cuándo recibimos esto?
Tomó el sobre de mis manos, leyó el mensaje y se encogió de hombros.
-No lo sé. Toda su correspondencia está en la caja. No había visto esto antes... No estaba aquí cuando cerré el viernes. Debe haber llegado esta mañana. Posiblemente llegó por medio de un
mensajero, ¿no? Tomé el teléfono con violencia y marqué los dígitos 24... o sea, los de nuestro departamento de suscripciones. BarbaraVoigt, nuestra gerente de suscripciones, no tuvo tiempo de darme la bienvenida.
-Barbara, pídale a Vi que suba a mi oficina, por favor.
Vi llegó pronto a mi oficina, deteniéndose incómodamente en la puerta; su cara angelical expresaba preocupación e intriga por la razón por la que quería verla.
-Vi, ¿abrió la oficina esta mañana?
-Sí, siempre lo hago.
-Lo sé. ¿Le dio alguien este paquete?
-No.
-¿Vio a algún extraño cuando abrió esta mañana?
-No, nadie andaba por aquí, excepto Charlie, el portero. Yo sólo preparé el café; como siempre,
Esperé hasta que se llenó la cafetera, me serví una taza y salí. ¿Por qué? ¿Qué pasa?
-Está bien. No se preocupe. Gracias.
Deposité el sobre en mi escritorio. Tomé mi sobretodo y salí corriendo de mi oficina. La acera estaba empezando a volverse blanca debido a la primera nevada de Chicago, y vagamente recuerdo haberme resbalado, y haber caído varias veces mientras corría hacia el estacionamiento; atravesaba la calle Winthrop y me adentraba en el edificio donde vivía, Simón. No me molesté en tocar la campana y subí apresuradamente las escaleras hasta llegar al segundo piso. Cuando llegué, empecé a golpear la puerta del apartamento de Simón.
Finalmente se abrió la puerta y me encontré a mi mismo observando la cara de una mujer cuyo cabello estaba lleno de rizadores, y que sostenía a un pequeño entre sus brazos.
Otro mugriento niño se abrazaba fuertemente a la bata rosa de la mujer. Pensé que Simón debía estar involucrado en otra de sus misiones de caridad.
-El señor Potter, por favor.
-¿Quién?
-El señor Potter. El viejo. Él vive aquí.
-Aquí no vive nadie con ese nombre.
-¿De qué está hablando? Él ha vivido aquí durante años. Dígale que Almandino está aquí.
-Mire, Mac, mi nombre es Johnson. He vivido aquí durante cuatro años y tengo que saber que aquí no hay nadie llamado Potter.
Empezó a cerrar la puerta pero lo impedí con el brazo y entré al departamento.
-Vamos, señora, no juegue conmigo. Yo he estado en este departamento más de cien veces durante este año. Un viejo llamado Simón Potter vive aquí. ¿En dónde está?
Antes de que la mujer pudiera responder, mis ojos revisaron el departamento, y mientras lo hacía sentí cómo se me enchinaba la piel. Ni una sola cosa me era familiar.
Nuestros dos sillones favoritos no estaban ahí. No estaban las pilas de libros. La alfombra había sido remplazada por un espantoso linóleum anaranjado y azul. La mujer, quien ahora apretaba al pequeño contra su pecho, murmuró:
-Mac, le doy cinco segundos para que se largue antes de que empiece a gritar y llame a la policía. ¡Quién demonios se cree que es para entrar en esa forma a mi departamento, animal!
Debería estar en la cárcel o en un manicomio. ¡Lárguese!
Sentí que las piernas me temblaban. Tenía el estómago hecho nudos. Tenía ganas de vomitar. Me dirigí lentamente hacia la puerta y elevé mis brazos con desesperación.
-Lo siento, señora. Probablemente me encuentre en el departamento equivocado. ¿Conoce a Simón Potter? Viejo, piel oscura, muy alto, y posee un perro, un bassett.
-No hay nadie con esas señas en este edificio. Tendría que conocerlo, he vivido aquí durante cuatro años.
-¿En el departamento de junto?
-En esa dirección vive una viejilla italiana con su hija. En ésa, ahí, un negro que vive completamente solo. Le digo que aquí no vive nadie llamado Potter. ¡Ahora desaparezca!
Me disculpé una vez más y salí hacia el corredor. La puerta se cerró de golpe y pude observar los números rojos que me eran tan familiares... 21. Seguía sintiéndome débil, así que
me senté en las escaleras para tratar de ordenar mis pensamientos. ¿En dónde estaba Simón?
¿Estaba soñando todo esto? Si era eso, entonces estaba teniendo una pesadilla infernal.
En cualquier momento, pensé, saldría RodSerling bajando las escaleras y me daría la bienvenida a otro programa más de la serie "Galería nocturna".
Entonces, tuve una idea. Bajé las escaleras corriendo, pasé el vestíbulo, y salí disparado hacia el sótano. En el último extremo podía observar una luz y podía escuchar el zumbido del
calentador de petróleo. Una figura ligeramente sombreada estaba recostada en el respaldo de una silla debajo de la única lámpara.
-¿Es usted el portero?
-Sí, señor, sí, señor.
-¿Ha estado aquí mucho tiempo?
-Toda la noche.
-No. no... quiero decir, ¿cuánto tiempo ha trabajado en este lugar?
-En febrero cumpliré once años.
-¿Existe algún Simón Potter registrado como propietario de un departamento de este edificio?
Alto, de piel oscura, pelo largo. Barba. Se parece mucho a Abraham Lincoln. Tiene un perro, un bassett.
-En este edificio no están permitidos los perros.
-¿Conoce al hombre que le describí?
-No, señor.
-¿Ha visto alguna vez al hombre que le he descrito,, ya sea aquí o afuera, en la calle?
-No, señor. Conozco a todos los que viven en el edificio y prácticamente a todos los del vecindario, y cerca de aquí en los últimos once años y jamás he visto al hombre que dice, se lo
Aseguro.
Está seguro?
-Completamente seguro.
Subí los escalones corriendo, atravesé la calle hasta el estacionamiento y abrí el auto.
Finalmente me encontré en la estación de policía de la avenida Foster, aunque sigo sin recordar cómo llegué hasta ahí. Estacioné mi auto entre dos autos patrulla y corrí hasta la estación.
Esperé impacientemente frente a la ventanilla alambrada hasta que un joven sargento hizo una fría señal de asentimiento.
-Sargento, mi nombre es Mandino y mi negocio se encuentra en Broadway.
-sí, señor.
-Una persona ha desaparecido. Tenía un amigo que vivía en un apartamento, en el número 6353 de la calle Winthrop. Lo conozco desde hace más de un año. Estuve fuera dos semanas y cuando regresé, esta mañana, había un paquete sobre mi escritorio, el cual tenía mi nombre y dirección y algunas palabras en la esquina, superior izquierda que suponía que ese era un regalo de despedida de su parte.
-¿Qué había dentro del paquete?
-No lo sé. En el momento en el que leí el mensaje de despedida corrí a su departamento y...
-¿Y...?
-Él no estaba ahí. Más aún, las personas que se encontraban en su departamento dijeron que él nunca había vivido ahí... y no conocían al hombre que les describí.
-¿Está seguro de haber ido al departamento adecuado?
-Estuve en él miles de veces. Departamento número 21. Hablé con el portero del edificio; no conocía a nadie llamado Simón Potter; dijo que nunca había habido una persona así en el
edificio en los últimos once años en los cuales él había trabajado en el edificio.
-¿Se siente bien, señor?
-Sí, estoy bien. Estoy sobrio y no estoy molestando, en serio. ¿Cómo diablos iba a inventar una historia tan extraña?
-Escuchamos historias más extrañas.
-No lo dudo.
-¿Cuál era el nombre de esa persona?
-Potter... Simón Potter. Tenía casi ochenta años de edad. Pelo largo y oscuro. Y barba. Alto.
Poseía un perro... un perro bassett.
El sargento encendió un cigarrillo y me estudió detenidamente durante algunos segundos
Después se volvió sin decir absolutamente nada y se introdujo en una oficina posterior.
Posiblemente pasaron unos quince minutos antes de que reapareciera.
-No hemos recogido a nadie que tenga ese nombre o responda a la descripción de su amigo,
por lo menos en las tres últimas semanas. Pero nos encontramos en una enorme ciudad. ¿Por
qué no va a echar un vistazo al hospital Cook County?
-Está bien.
-Y a otro lugar.
-¿A dónde?
-A la morgue de la calle Polk.
Me dirigí hacia el hospital. Ahí fueron considerados y pacientes conmigo y revisaron los registros de los últimos catorce días. No había nadie que tuviera el nombre de Simón o respondiera a su descripción, que hubiera sido traído para algún tipo de tratamiento. También ellos sugirieron que fuera a la morgue. Hacia allá fui. Me trataron desconsideradamente... como
Si se tratara de alguien que estuviera llenando una queja en una tienda de departamentos.
Obviamente habían escuchado historias similares, hora tras hora, sobre padres, hijos, hermanos, hermanas, amantes perdidos. Revisaron metódicamente sus archivos microfilmados
y al final se me acercó un joven que sostenía en la mano un expediente.
-Señor, tenemos a un “no identificado” quien responde a la edad y descripción general. ¿Quiere
echarle un vistazo?
Asentí con la cabeza y le seguí. Mientras caminábamos a lo largo del iluminado corredor que olía a antiséptico, tocó mi brazo y dijo:
No permita que la impresión le sobrecoja. Todavía no han inventado un desodorante que anule estos olores.
Finalmente empujó una puerta rechinante y entramos a una habitación helada llena de gigantescas gavetas alineadas, como si se tratara de archiveros. Revisó, el número de una de
ellas y jaló de la manija. Volteé la cabeza hacia otro lado no queriendo ver. Finalmente me forcé a mí mismo y observé el cuerpo desnudo de un hombre muy viejo; su cabello largo caía a ambos lados de su cara sobre su pecho; sus ojos aún estaban entre abiertos. Mi corazón latía apresuradamente mientras me inclinaba para observar mejor a este pobre ser humano sin
nombre que había caído en su último basurero.
No era Simón.
Finalmente me dirigí hacia Personas Perdidas, en South State. Nada.
La nieve caía mientras me detenía frente al estacionamiento. Salí del auto, le di la vuelta a la llave, y observé cómo se movía lentamente la barra hacia el cielo, recordando nuevamente
el primer día en la nieve cuando un extraño y hermoso hombre entró en mi vida y sostuvo en sus desnudas manos el mundo para mí. Me subí al auto, golpeé el volante con mis puños, y lo
introduje en el estacionamiento.
Debo haberme visto terriblemente mal. Hasta los integrantes de mi grupo se alejaron de mí, como si no notaran mi presencia cuando volví a entrar a mi oficina, tirando nieve, a lo largo
de la alfombra roja de la recepción. Al pasar frente al escritorio de Pat le hice una seña con la cabeza, ella se levantó y me siguió.
-Cierre la puerta… y siéntese.
Frunció el entrecejo y se sentó frente a mí. Sus ojos estaban abiertos tanto por miedo como por la preocupación.
-Dios mío, Og, ¿qué pasa?
-Creo que me estoy volviendo loco, Pat. Ahora escúcheme. Vive en la calle Winthrop, ¿no es así?
-sí, a una cuadra de aquí, aproximadamente.
-Cada mañana, cuando viene hacia aquí, ¿corta por el estacionamiento?
-Si.
-¿Ha visto alguna vez a un viejo extraño caminando por el estacionamiento? Tiene el cabello largo y barba, y anda con él un bassett. Usa ropa chistosa y generalmente está alimentando a las palomas.
Pat pensó por algunos segundos y sacudió su cabeza.
-Generalmente hay algunos borrachos por ahí, pero ninguno es como el que describe.
-¿Nunca ha visto a ese hombre? Es muy alto y muy viejo. Algunas veces lleva un crucifijo de madera colgando de su cuello.
-Nunca. ¿Qué pasa, Og? ¿Cuál es el problema?
-Está bien, Pat. Después le cuento. Gracias. Oh... detenga mis llamadas hasta que le diga.
Después que cerró la puerta traté de poner en orden mis pensamientos... cazando mariposas alusivas y efímeras de imágenes irracionales... tratando de pasar por alto el dolor
que sentía en la cabeza... y en la boca del estómago. ¿Estaba enloqueciendo? ¿Era así como llegaba a su punto máximo una depresión con la incapacidad de relacionar un pensamiento
racional con otro? ¿Es esto de lo que advierten todos los seminarios para ejecutivos y libros que le pasará si presiona a su cuerpo y cerebro hasta más allá de sus límites, al tratar de comprimir varias vidas en una por el loco intento de triunfar? ¿Finalmente el cerebro se confunde de canal en usted y le fuerza a participar de una tierra de fantasía de actos y conversaciones con personajes sacados de algún cuento infantil ya olvidado? ¿Es este el último escape cuando las presiones y responsabilidades se hacen demasiado grandes para hacerles frente?
¿Era Simón un sueño? Imposible. Más aún, si Simón estaba cerca del estacionamiento casi todas las mañanas, ¿por qué Pat nunca lo había visto? ¿Y el departamento? ¿Me estaba jugando
alguien una especie de broma macabra? Además, ¿por qué jamás había hablado de Simón con alguna persona? ¿Y qué sobre sus pláticas... aquellas horas inapreciables de inspiración, saber y esperanza? Y, sobre todo, lo referente al trapero... que sacaba de los basureros a los rechazados de la raza humana... mostrándole a la gente cómo realizar el milagro más grande
del mundo... Dios mío, no podía haber inventado todo esto ni en los momentos más creativos.
Miré hacia atrás tratando de encontrar algún vestigio de cordura cuando, de repente, me di cuenta de que había estado dando vueltas entre mis manos al sobre de manila. ¡El sobre
Marrón: mi único lazo con la verdad... mi único lazo con Simón... mi prueba de que realmente existía!
-Simón, Simón... ¿dónde diablos está? No me haga esto. ¡No merezco esto de su parte!
Debo haber estado al borde de un shock... ya que gritaba en dirección de tres sillones anaranjados situados frente a mi escritorio. Finalmente tomé el sobre, lo abrí, y encontré varias
hojas escritas a máquina unidas con una grapa.
Mientras hacía esto, cayó sobre mi escritorio un objeto. Lo tomé... era un alfiler de seguridad del que pendía un pedacito de tela blanca de aproximadamente media pulgada cuadrada.
Hice a un lado el alfiler. Junto a las hojas había una carta para mí, rotulada por la misma mano que había escrito el sobre.
La carta no tenía fecha...
SIMONA.
Continuara.
                                                     IL DIVO.  I BELIEVE IN YOU

domingo, 5 de septiembre de 2010

El Milagro mas grande del mundo. Cap.6


Capítulo 6

Reconocimientos:
El Milagro más grande del mundo, es un cuadro de imaginación
Colorida, pintado brillantemente por un maestro de la ilación
De las palabras…Una experiencia  Indeleble...
Buddy Kaye.

Las horas frente al ordenador llenan mi vida.
Mientras preparo cada uno de estos capítulos con la imagen y
La canción tratando de hilar todo lo que anhelo transmitir.
Me entusiasmo tanto al señalar cada palabra, cada párrafo,
Que imagino Eres Tú, quien dirige mis sentidos y me convierto
En Trapera, Gracias Og, Gracias por todo lo que significas en
Mi vida.
Simona.


El día de su cumpleaños número setenta y nueve lo sorprendí con un regalo.
La impresión de que yo hubiera recordado la fecha exacta de su aniversario, el trece de noviembre, que había surgido en una de nuestras primeras conversaciones, le puso eufórico.
Detesto ir de compras, pero me pasé dos sábados completos buscando algo único y relevante que comprar para Simón. Finalmente lo encontré en Marshall Field's, en Woodfield... un geranio de vidrio fundido. Medía como medio metro, tenía un colorido y una textura tan reales que a menos de que se tocara no podía saberse que había crecido en el más extravagante invernadero.
Simón poseía un macetero, el único que había afuera de una ventana en todo el edificio.
Dijo que lo había colocado tan pronto como se había cambiado a ese apartamento, y que una vez al año lo metía y lo pintaba cuidadosamente con pintura verde. También, cada primavera, plantaba incontables semillas de geranio, su planta favorita, las cuales luchaban por florecer, después se ponían terriblemente amarillas y verdes y finalmente morían. El año anterior, me dijo, trató de cambiar su suerte esperando a que fuera mediados de verano y comprando plantas crecidas y en flor. Dos semanas más tarde estaban cafés y muertas. Sin embargo, no se daba por vencido. Había encontrado una especie, en un libro, con la cual iba a intentar la próxima primavera.
El viejo insistió en que jamás le había fallado la plantación de geranios ni en su jardín de Damasco ni en el de Sachsenhausen. Una vez me describió con lujo de detalles como desenterraba sus plantas favoritas antes de la primera helada, como las ponía a secar en una base y como las volvía a plantar en la primavera... uno de sus primeros triunfos para ayudar a que las cosas vivientes empezaran una nueva vida. Algunos de sus geranios tenían más de veinte años. Pero no en Chicago. Simón culpó a la contaminación.
-¿Cómo puede sobrevivir algo en esta lluvia de muerte proveniente de arriba y de los monstruos de gasolina de la calle? Observe el exterior, señor Og. Hoy es noche de luna llena.
¿Puede verla? ¡Por supuesto que no puede! Estamos rodeados por nuestro propio rechazo. Nos bañamos en él. Respiramos en él. Comemos en él. Hasta el agua con la que riego mis plantas contiene productos químicos que matarían a una cucaracha. Actualmente solo las plantas y las aves mueren. Mañana, ¿quién sabe? Aun así tengo fe en que finalmente podré criar un geranio y en que la raza humana despertará a tiempo para prevenir que su mundo se convierta en un gigantesco basurero.
-Va a ser necesario que intervenga un ejército de traperos para lograr esto, Simón.
-Para que este planeta sobreviva va a ser necesario que  finalmente cada ser humano se convierta en su propio trapero. No debe depender de su vecino para salvarse.
Créame, señor Og, esto pasará.
En Field's habían envuelto mi regalo con el papel más extravagante del mundo, y cuando abrí la puerta y deposité la gran caja dorada en sus manos y dije simplemente: “Felicidades, viejo amigo”, tomó la caja, abrió la boca sin poder articular palabra. Después brotaron de sus ojos unos lagrimones que se deslizaron por sus mejillas. Depositó cuidadosamente la caja en el suelo y me abrazó. Finalmente puso sus gigantescas manos a ambos lados de mi cara y me besó en la frente.
-Señor Og, este es el primer regalo de cumpleaños que recibo desde hace treinta y cinco años.
¿Cómo supo el día?
-Un día lo dejó escapar. Abra la caja.
-No puedo. Es demasiado maravillosa como para abrirla. El papel, es tan bonito. No debería ser roto.
-Se trata solo de un pedazo de papel. Adelante. Ábralo.
Simón se sentó en la alfombra y depositó la caja frente a él de manera que quedaba una de sus piernas a cada lado de esta. Primero desamarró cuidadosamente el listón y lo puso a un
lado. Después deslizó los dedos debajo del papel, y cuando encontraba un pedazo de cinta adhesiva la desprendía cuidadosamente, para al fin desenvolver la gran caja de cartón café.
Posteriormente sacó su navaja de bolsillo, cortó la tira engomada de la superficie superior y abrió la tapa. Miró hacia el interior y frunció el entrecejo. Entonces empezó a sacar los metros de papel con el que había sido empacada la planta, saboreando cada momento con esa clase de excitación y anticipación infantiles que solamente pueden verse en Navidad. Por último Tomó cariñosamente su regalo, del interior de la caja.
- ¡Un geranio! No puedo creerlo. ¡Un pelargonio de la mejor clase! Una flor de exhibición, una aristócrata de sangre azul, si es que alguna vez he visto una. ¡Y no es real! ¡Dios mío! ¡Es de vidrio! Señor Og, ¿en dónde encontró esta increíble obra de arte? Y observe ¡observe el rojo de su florecimiento! En una ocasión, en Jerusalén, vi un geranio con el mismo brillo iridiscente.
Traté de comprarlo pero no tuve éxito. ¡Que regalo! Un regalo tan costoso, señor Og. ¿Qué puedo decir?
-No diga nada, Simón. Me siento feliz de que le haya agradado. Solo es una muestra de amor y agradecimiento por todas las horas de sabiduría y esperanza que ha compartido conmigo. Feliz cumpleaños... y le deseo otros setenta y nueve más.
Para entonces se había puesto de pie, llevando la planta de un lugar a otro, buscando el lugar perfecto para ella. La depositó en la mesilla del café, se alejó, estudió la situación por algunos minutos, sacudió la cabeza en señal de desaprobación y la quitó de ahí. Después la colocó sobre el aparato de televisión. Tampoco.
Después la colocó en la mesa, detrás de las fotografías de su familia. Se veía mejor. Pero no era el lugar adecuado.
Al observar su nerviosidad mientras movía su regalo de un lado a otro, tuve repentinamente una inspiración.
-Simón, existe sólo un lugar perfecto para el geranio.
Hizo una pausa, de mala gana, como si le estuviera echando a perder su diversión.
-¿Donde, señor Og?
-Bien, es de vidrio, así que la contaminación no lo dañará.
¿Por qué no lo planta en el exterior, en el macetero de la ventana? Quién más, en toda la ciudad, tendrá un geranio en su ventana floreciendo en noviembre... y diciembre... y enero, y todos los meses del año?
-Eso fue un toque de ingenio, señor Og. Además puede estar allí para desearle los buenos días, cada mañana, mientras maneja hacia el interior del estacionamiento. Lo haré. Pero... usted debe llevar a cabo la ceremonia.
-¿La ceremonia? ¿Qué quiere decir?
-Debe plantarlo por mí. Espere... espere... Traeré mi pala.
Y así, entre los dos, plantamos nuestro geranio de vidrio de noventa y cinco dólares.
Luchamos contra la ventana de la sala hasta que se movió de mala gana y mientras unas ráfagas de los vientos prematuros de invierno casi cortaron mi respiración, me asomé e hice un Agujero en la tierra casi congelada del macetero. Simón me pasó la planta y enterré el tiesto, cubriéndolo con arena, para que solo se viera la planta. Después nos alejamos un poco para admirar nuestro paisaje mientras la luz de la sala se reflejaba en los pétalos de la flor.
-Es muy hermosa, es muy especial -gritó Simón-. Finalmente tengo mi geranio. ¿Lo ve? Aquel que persevera alcanza.
¡Quien si no usted encontraría un regalo así!
-Es para mí trapero favorito, eso es todo.
Después hicimos un brindis, con Jerez, por supuesto, por sus setenta y nueve años, y mientras nos sentábamos observé que Simón luchaba para mantener bajo control sus emociones.
Sus labios temblaban ligeramente y sus ojos estaban entrecerrados. Me pregunté a mi mismo cuál sería el recuerdo en el que se encontraba sumergido, pero no formulé la pregunta. Finalmente sacudió la cabeza, como si pretendiera aclarar su mente, y dijo:
-Nada es más vergonzoso que un viejo no pueda mostrar con algo que ha vivido mucho excepto por sus años.
-Se quien dijo eso. Fue Séneca, ¿no?
-Señor Og, usted es demasiado listo para tener solamente cincuenta años de edad.
-Pero, Simón usted tiene mucho que mostrar acerca de su vida. Solo tomando en cuenta todos estos años en los que ha vivido como trapero con todas esas personas a las que ha ayudado
-Sí... mis ángeles provenientes del basurero. Amo a cada uno de ellos. Son mi boleto al cielo...
mi pasaporte hacia Lisha… y Eric.
-Simón, me gusta más que el de Séneca el comentario de Henry Ford acerca de las personas viejas.
-¿Sí?
-Ford dijo que si se sacara toda la experiencia y el juicio de las personas que pasaban de los cincuenta años de edad en este mundo no habría suficientes cerebros y talentos para que este Funcionará.
-Pero, señor Og, Ford no dijo eso hasta que había pasado los cincuenta. Y entonces, por supuesto, estaba de moda el comentario del humorista alemán del siglo dieciocho, Ritcher.
 ¿Lo sabe?
-Sabía que me superaría. Adelante.
-Ritcher dijo: "Como un sueño de la mañana, la vida se vuelve más brillante mientras más vivimos, y la razón de todas las cosas aparece más clara. Lo que nos ha preocupado antes nos parece menos misterioso, y las sendas tortuosas parecen ser más rectas cuando nos aproximamos al fin".
Como si un imán gigantesco me atrajera repentinamente, me levanté de mi asiento, me dirigí hacia Simón y me senté a sus pies. Levanté la cabeza hacia su hermosa cara y dije:
-El "Memorándum de Dios". Creo que estoy listo para leerlo. Consideraría un honor y un privilegio que me lo diera y le prometo que haré todo lo que este en mis manos para entregarlo al mundo. No puedo acordarme de ninguna época desde que empezó nuestra relación en la cual lo haya necesitado más que ahora.
El viejo suspiró suavemente; en su cara había una expresión de descanso abrumadora.
-Temía que hubiera rechazado mi oferta o, que con el paso de los meses, la hubiera olvidado.
Su aceptación es un regalo aun mayor que el geranio. Sin embargo, he pensado algunas cosas desde que le hice mi Ofrecimiento.
-Simón, lo que quiere decir es que ha cambiado de opinión.
-No, no... no es eso. Sólo que he pensado que las personas pueden no tomar en serio su mensaje, señor Og, ya que es sencillo, corto y básico.
 Actualmente parece ser que mientras más complicadas, resonantes y costosas se hagan las instrucciones para la propia ayuda, más personas son atraídas, mientras que tienden a hacer menos a individuos tales como Dale Carnegie, Dorothea Brande, Napoleón Hill, Norman Vincent Peale y hasta a W. Clement Stone,
quienes ofrecen soluciones sencillas pero prácticas para los problemas de la vida. Más aún, es una cosa aconsejar y consolar a una persona, conociéndola personalmente, antes de introducirla al "Memorándum de Dios", debido a que se posee la fuerza de la personalidad que añade fe a su regalo. Y es un problema totalmente distinto el que las palabras impresas, sin ningún primer condicionamiento mental de la persona, sean lo suficientemente fuertes como para motivar a que el lector actúe.
-Simón, siempre habrá un pequeño grupo de detractores, con mucha educación y poca experiencia, listo para acusarle de ofrecer soluciones simplistas y protectoras a lo que ellos clasifican como problemas extremadamente complicados, necesitando por lo general cinco años de sesiones de terapia con un costo de cincuenta dólares la visita semanal. Así pues, me gustaría obtener un dólar por cada ser humano que haya sido ayudado, verdaderamente ayudado, inspirado por la lectura de Carnegie, Peale, Brande, Hill, Stone y muchos otros, aun sin haber conocido a los autores.
-Incluyendo a Mandino.
-Formaré parte de ese grupo el día que ellos me necesiten: Simón, ¿aun quiere multiplicarse a sí mismo?,
 ¿Aún quiere ayudar a miles y no sólo a un puñado?
-Por supuesto.
-Bien, hay dos ingredientes necesarios para que el
 "Memorándum de Dios" se convierta en todo un éxito.
En primer lugar, debe existir la necesidad de él y entonces debe haber un escaparate que asegure la amplia distribución entre aquellos que lo necesiten. Recuerdo qué Lillian Roth escribió en su libro I'll Cry Tomorrow, que había sido incapaz de rescatarse a sí misma de su muerte en vida, por el alcoholismo, hasta que finalmente aprendió a decir las dos palabras más difíciles que jamás pronunció. Dichas palabras eran "necesito ayuda". Usted mismo me dijo que el mejor momento para ayudar a las personas era cuándo habían perdido toda esperanza y ya no contaban con nadie en quien apoyarse. Simón, si se pone a escuchar, casi podrá oír un coro de millones de personas de toda clase, posición y profesión en el mundo, pidiendo ayuda
La necesidad de su mensaje ahora, es tan grande que posiblemente nunca la llenaremos tan bien como deberíamos. Rico o pobre, blanco o negro, bello o feo, solitario o no... todos necesitan ayuda. Existen millones que piensan que la vida, su vida, no ha sido el paraíso, en cambio sí un infierno... en la tierra.
Simón había inclinado la cabeza y estaba tan pendiente de mi conversación como generalmente yo lo estaba de la suya. No hizo ningún comentario, así que continué.
-El segundo ingrediente para asegurar el éxito es que el “Memorándum” obtenga una buena distribución. Ni siquiera lo he leído, pero le prometo esto: haré del “Memorándum de Dios”
parte de mi próximo libro y también escribiré sobre usted... y llamaré al libro El milagro más grande del mundo. Le mostraremos al mundo cómo realizar ese milagro... cómo reciclar su propia vida y a regresar de su muerte en vida.
-¿Haría usted eso por mí?
-Por usted, por supuesto... pero también por todos aquellos seres humanos que desean una oportunidad para vivir y ni siquiera se dan cuenta de que ésta los está esperando.
De repente toda la habitación se llenó con su risa.
-Señor Og, como recuerdo de mis días como presidente, la mayor parte de los memorándums tenían copias al carbón que pasaban a diversos individuos o departamentos dentro de la organización.
 El "Memorándum de Dios"... ¿podemos sacarle copias para distribuirlas por el mundo?
-¿Por qué no? Tenemos cuatro mil millones de trabajadores en esta compañía nuestra, todos luchando por una vida mejor... o deseando luchar si supieran cómo.
Démosles a todos la oportunidad de descubrir el milagro más grande del mundo y, cuando eso suceda, tendremos nuestro cielo aquí mismo, ¡en la tierra!
-Nosotros les mostraremos cómo, señor Og, se lo mostraremos.
-Simón, al igual que la mayoría de las veces que estoy con usted he perdido la noción del tiempo. Debo apresurarme. ¿Puede proporcionarme el “Memorándum” para que lo lea durante el fin de semana?
Su vacilación casi imperceptible podría haber pasado desapercibida para cualquier otro.
-No esta noche, amigo mío, pero sí pronto... muy pronto estará en su poder.
Lo conocía lo suficiente como para no presionarle.
-Está bien; buenas noches, viejo amigo.
-Buenas noches, joven amigo. Y gracias por esta fiesta de cumpleaños que nunca olvidaré.
Usted ha encendido una vela para mí esta noche.
Mientras caminaba por debajo de la barra del estacionamiento que él había sostenido aquel día en la nieve, aproximadamente un año antes, me volví y miré hacia la ventana de su departamento.
Ahí, dibujado contra la cálida luz proveniente de la sala, estaba la oscura sombra del nuevo geranio rojo de Simón.
SIMONA.
Continuara.

Michael Jackson - Heal the World