domingo, 15 de agosto de 2010

El Milagro Mas Grande del Mundo. Capitulo 2.


Capitulo 2.

Y oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré y quien ira de nuestra parte?
Y yo le dije: Heme aquí…envíame a mí.                   
Isaías 6:8

Ve pues ahora, y escribe en una tabla ante ellos,  consígnalo en un libro, para que sea en los tiempos venideros Perpetuo y Eterno Testimonio.               
Isaías  30:8

Reconocimientos:
Ya sea que usted haya o no leído la obra maestra previa del autor,  El Vendedor Más Grande del Mundo, se deleitara en una forma inenarrable con la última genialidad de Og Mandino. No puede dejar de sentir admiración por la influencia indirecta del actual Simón Potter, el trapero místico que misteriosamente llego a la vida del autor… y, por eso, también a la vida de todos los que lean “El Milagro Mas Grande del Mundo”
Paul J. Meyer. Presidente del Sucess Motivation Institute.

No le volví a ver hasta finales de la primavera.
Era uno de esos viernes que no parecen terminar nunca. Los problemas relacionados con asuntos de rutina sobre la publicación de una revista mensual habían aumentado en
continuidad y número durante el día y para cuando el fuego de los matorrales se extinguió me encontraba solo y fatigado, tanto física como mentalmente.
Me senté frente a mi escritorio escuchando el suave tic tac de mi reloj, temeroso del largo viaje hasta mi casa en medio del pesado tránsito. Aun a esta hora Edens Expressway estaría
atestado. Una vez más irrumpieron en mi mente esas molestas y recurrentes preguntas.
“¿Por qué estás trabajando tan duro?”
“¿Creíste que iba a ser más sencillo una vez que fueras el número uno?”
“¿Por qué no renuncias? Las regalías de tus libros son cuatro veces mayores que tu salario”.
“¿Qué estás tratando de probar ahora que la revista es todo un éxito?"
"¿Por qué no vas a algún lugar pacífico y tranquilo y escribes todos esos libros que viven en tu interior?"
El hábito y mi propio orgullo parecían ser la única respuesta lógica para todas estas preguntas. Había sacado a la revista Success Unlimited de una circulación mensual de 4000 ejemplares que contaba con sólo tres empleados, para convertirla en una de 200,000 realizada por un grupo de treinta y cuatro empleados. Además, aún había 120,000,000 millones de suscriptores potenciales en nuestro país y era un reto tratar de convencerlos. Entonces traté de recordar quién había escrito:
"El comienzo del orgullo está en el cielo; la continuidad del orgullo, en la tierra; el fin del mismo, en el infierno". No tuve suerte. Mi memoria es mala.
Guardé los anteojos en el portafolios; tomé el saco y el abrigo; apagué las luces, y cerré la oficina. La única luz que se vislumbraba era la del farol de la esquina de Broadway y Devon; todo estaba oscuro mientras caminaba lentamente hasta pasar por la ventana de los fotógrafos Root, al cruzar la entrada del callejón que se encuentra detrás de nuestra oficina, debajo del puente del tren y a través del pequeño espacio abierto hasta el estacionamiento con su deslumbrante y viejo letrero intermitente, anaranjado y amarillo de "Estaciónese usted mismo. Sólo 50 Centavos".
Antes de verlo, había caminado hasta la mitad del oscuro lote, ahora casi lleno con los autos del vecindario.
Su alta silueta se movió silenciosamente de detrás de una camioneta de repartos, estacionada, y aún en la oscuridad le reconocí antes de ver a su perro que le seguía. Me volví y
Caminé hacia él.
-Buenas noches.
-Le saludo en ésta la más hermosa de las noches, caballero –
Contestó esa voz de bajo profundo.
-Nunca tuve oportunidad de agradecerle por ayudarme en la nieve aquel día.
-No fue nada. Todos estamos aquí para ayudarnos unos a otros.
Me incliné para acariciar al perro, el cual había estado olfateando mi pantalón, después
Extendí mi mano hacia el viejo.
-Me llamo Mandino... Og Mandino.
Sus enormes dedos cubrieron los míos.
-Es un honor conocerle, señor Mandino. Mi nombre es Simón Potter... y éste, mi aliado cuadrúpedo, es Lázaro.
-¿Lázaro?
-Si. Duerme tanto todo el tiempo que nunca sé si está vivo o muerto.
Me reí.
-Discúlpeme, señor Mandino, pero su primer nombre... es muy distinguido. Og, Og... ¿cómo se deletrea?
-O-G.
-¿Es ese el nombre que le pusieron?
-No -sonreí-, mi verdadero nombre es Augustine. Cuando estaba en la preparatoria escribí una columna para el periódico de nuestra escuela, y una vez firmé mi trabajo como AUG.
Después de que la escribí decidí ser diferente y firmé fonéticamente... OG. Esto le encantó a todos.
-Es un nombre raro. No creo que haya muchos Ogs en el mundo.
-He oído decir que uno es demasiado.
-¿Sigue escribiendo?
-Sí.
-¿Qué tipo de escritos?
-Libros, artículos.
-¿Se han publicado sus libros?
-Sí, cinco de ellos.
-Eso es maravilloso. ¿Quién podría esperar conocer a un autor aquí, entre botellas de vino
vacías?
-Me temo que es precisamente aquí donde podría conocer a muchos autores, Simón.
-Sí, triste pero cierto. Yo también escribo un poco... pero sólo como pasatiempo y para satisfacer mi ego.
El viejo se acercó más como para estudiar mi cara.
-Se ve cansado, señor Mandino... o mejor, creo que puedo llamarlo señor Og.
-Sí, estoy cansado. Ha sido un día largo... una semana larga.
-¿Es larga la distancia que tiene que conducir hasta su casa?
-Cuarenta y dos kilómetros, aproximadamente.
Simón Potter se volvió y señaló con su largo brazo hacia el edificio de cuatro pisos de ladrillos marrón que se encontraba frente al estacionamiento.
-Yo vivo ahí. En el segundo piso. Antes de emprender su largo viaje venga a tomar conmigo una copa de jerez. Lo relajará.
Empecé a negar con la cabeza; pero al igual que en la nieve, aquel día, me encontré a mí mismo queriendo obedecerle. Abrí la portezuela de mi auto, arrojé en el interior mi abrigo y
portafolios, cerré y empecé a caminar detrás de Lázaro.
Atravesamos el sucio corredor, pasamos junto a los desvencijados buzones de latón que tenían los nombres de los propietarios dentro de unos plásticos amarillentos, y subimos por la destartalada escalera de concreto. Simón sacó una llave de su bolsillo, la giró dentro de la cerradura de la puerta de pino en la que había sido dibujado con rojo el número 21; empujó e hizo un ademán para que pasara. Encendió la luz.
-Disculpe -dijo- mi humilde refugio. Vivo solo, a no ser por Lázaro, y el trabajo de la casa nunca fue una de mis habilidades.
Sus disculpas eran innecesarias. La pequeña sala estaba inmaculada, desde la alfombra ovalada hasta el techo sin telarañas. Casi inmediatamente noté los libros, cientos de ellos, que excedían en tamaño los dos grandes libreros y se apilaban en dos montones perfectos casi tan altos como su propietario.
Observé con curiosidad a Simón. Se encogió de hombros y alumbró el cuarto con su sonrisa.
-¿Qué más puede hacer un viejo además de leer... y pensar? Por favor, póngase cómodo mientras sirvo la copa.
Cuando Simón se dirigió a la cocina, caminé hacia sus libros y empecé a leer los títulos, esperando que ellos me dijeran, algo sobre este gigante fascinador. Levanté la cabeza y recorrí
con la mirada algunos de los lomos de los libros (Caesar and Christ, de Will Durant; The Prophet, de Gibrán; Lives of Great Men, de Plutarco; Physiology of the Nervous Systems, de Fulton; The Organism, de Goldstein; The Unexpected Universe, de Eiseley; Don Quixote, de Cervantes; Works, de Aristóteles, Autobiography, de Franklin, The Imitation of Christ, de Kempis; The Human Mind, de Menninger; The Talmud, varias Biblias y otros).
Mi anfitrión caminó hacia mí sosteniendo la copa de vino. La tomé y la puse junto a la suya. Los bordes chocaron con una nota suave en la habitación.
-Por nuestra amistad -dijo Simón-; porque sea larga y provechosa.
-Así sea -contesté.
-¿Qué piensa de mi biblioteca? -dijo, señalando con su copa hacia los libros.
-Es una magnífica colección. Me gustaría tenerlos. Usted tiene amplios intereses.
-En realidad no es así. Son una acumulación de muchos años de horas de esparcimiento en tiendas de libros de segunda mano. Además todos tienen un tema en común que hace que cada volumen sea muy especial.
-¿Especial?
-Si. Cada uno trata y explica a su modo algún aspecto del milagro más grande del mundo; por eso los llamo los "libros de la mano de Dios".
-¿La mano de Dios?
-Me cuesta trabajo explicarlo con palabras... estoy completamente seguro de que ciertas piezas musicales, determinadas obras de arte y ciertos libros y ensayos fueron creados, no por el compositor, artista, autor o escritor, sino por Dios, y a aquellos a los que hemos reconocido como los creadores de estas obras fueron sólo instrumentos empleados por Dios para comunicarse con nosotros. ¿Qué pasa, señor Og?
Aparentemente sus palabras me habían sobresaltado. Solamente dos semanas antes, en la ciudad de Nueva York, Barry Farber, un popular comentarista de radio, había tilizado esas palabras exactas: la mano de Dios", cuando describía mi libro a su público durante mi aparición dentro de su programa.
-¿Quiere decir que cree que Dios se sigue comunicando con nosotros como lo hacía con los antiguos profetas judíos?
-Estoy completamente seguro. Durante miles de años el mundo fue testigo de un sinnúmero de profetas que proclamaban y explicaban la voluntad de Dios: Elías, Amós, Moisés, Ezequiel.
Isaías, Jeremías Samuel y los demás maravillosos mensajeros hasta Jesús y Pablo. Y después... ¿nada? No puedo creerlo. Sin importar cuántos de Sus profetas hayan sido ridiculizados, castigados, torturados y hasta asesinados, no puedo concebir que finalmente Dios se haya dado por vencido y haya vuelto su espalda a nuestras necesidades, trayendo como consecuencia que algunos de nosotros supongamos que Él está muerto, ya que hace mucho tiempo que no sabemos nada de Él. En vez de esto, creo verdaderamente que ha mandado a todas las generaciones, personas especiales, talentosas, inteligentes... todas compartiendo el mismo mensaje de una o de otra forma... que todo ser humano es capaz de realizar el milagro más grande del mundo. Y el error más grave del hombre, ciego como es a causa de las trivialidades de toda civilización avanzada, es que no ha comprendido el mensaje.
-¿Cuál es el milagro más grande del mundo que podemos realizar?
Primero que nada, señor Og, ¿puede definirme lo que es un milagro?
-Creo que sí. Es algo que sucede en contra de las leyes, de la naturaleza o la ciencia... una Suspensión temporal de una de estas leyes.
-Lo que acaba de decir es conciso y exacto, señor Og. Ahora dígame, ¿se cree capaz de realizar milagros... de suspender cualquiera de las leyes de la naturaleza o la ciencia?
Me reí nerviosamente y negué con la cabeza. El viejo se puso de pie, tomó de la mesilla de café un pequeño pisapapeles de vidrio y lo sostuvo frente a mi.
-Si suelto este peso, caerá al suelo, ¿no es verdad?
Asentí.
-¿Qué ley decreta que caerá al piso?
-¿La ley de la gravedad?
-Exacto.
Entonces, sin ninguna advertencia, dejó que el pisapapeles cayera de su mano.
Instintivamente lo pesqué antes de que tocara el suelo.
Simón dobló las manos y me miró sonriendo con autosatisfacción.
-¿Se da cuenta de lo que acaba de hacer, señor Og?
-Cogí su pisapapeles.
-Hizo mucho más. Su acción suspendió temporalmente la ley de la gravedad. Sea cual sea la
definición de un milagro, usted acaba de realizar uno. Ahora, ¿cuál cree usted que sería el
milagro más grande que jamás se haya realizado en la Tierra?
Lo pensé durante varios minutos.
-Probablemente serían esos casos en los que un muerto supuestamente ha regresado a la vida.
-Estoy de acuerdo, como seguramente lo estaría el total de la opinión mundial.
-¿Pero, en qué forma está esto relacionado con esos libros que tiene amontonados?
Seguramente no contienen ningún método secreto sobre cómo regresar de la muerte.
-Pues sí, señor Og. La mayoría de los seres humanos están muertos, en uno u otro grado. De una u otra forma han perdido sus sueños, sus ambiciones, su deseo de una vida mejor. Han perdido su lucha por su autoestimación y han comprometido su gran potencial. Se han establecido en una vida de mediocridad, días de desesperación y noches de lágrimas. No son más que muertes vivientes confinadas a cementerios de su elección. Además necesitan salir de
ese estado. Pueden resucitar de su lamentable condición. Cada uno puede realizar el milagro más grande del mundo. Todos pueden regresar de la muerte... y en esos libros están los
secretos más sencillos, técnicas y métodos que pueden aplicar a su propia vida para convertirse en lo que desean ser y alcanzar todas las verdaderas riquezas de la vida.
No supe qué decir o cómo responder. Permanecí sentado, observándolo, hasta que rompió el silencio.
-¿Acepta usted la posibilidad de que los individuos realicen tal milagro con sus propias vidas,señor Og?
-sí, por supuesto.
-¿Alguna vez escribió sobre dichos milagros en sus libros?
-Algunas veces.
-Me gustaría leer lo que ha escrito.
-Le traeré una copia de mi primer libro.
-¿Hay milagros en él?
-Sí, varios.
-¿Sintió la mano de Dios sobre la suya cuando lo escribió?
-No lo sé, Simón. No lo creo.
-Posiblemente yo pueda decírselo después de leerlo, señor Og.
Después de esta conversación permanecimos sentados en el silencio, interrumpido sólo por el rumor de un camión o autobús ocasional que pasaba por la avenida Devon. Bebí el jerez
y me sentí tan descansado y en paz con el mundo como no lo había estado en muchos meses.
Finalmente deposité mi copa en la pequeña mesa pulida que estaba junto a mi silla y me encontré a mí mismo observando dos pequeñas fotografías; cada una tenía un marco de
bronce. Una era de una encantadora mujer morena y la otra de un chico rubio en uniforme militar. Miré a Simón y comprendió mi silenciosa pregunta.
-Mi esposa. Mi hijo.
Asentí. Su voz, ahora tan suave que casi no le escuchaba, parecía flotar a través de la habitación hasta donde me encontraba.
-Los dos han muerto.
Cerré los ojos y asentí nuevamente. Sus siguientes palabras apenas fueron un susurro.
-Dachau, mil novecientos treinta y nueve.
Cuando abrí los ojos, el viejo tenía la cabeza inclinada y las dos enormes manos detenían con fuerza la frente. Después, como avergonzado de haber expuesto momentáneamente su tristeza frente a un extraño, se enderezó y forzó una sonrisa.
Cambié la conversación.
-¿Qué hace usted, Simón? ¿Tiene un empleo?
El viejo vaciló unos segundos. Después, volvió a sonreír, abrió las manos con un ademán retraído y dijo:
-Soy trapero, señor Og.
-Creía que los traperos habían desaparecido junto con los comedores de beneficencia y las
marchas de hambre de la década de mil novecientos treinta.
Simón se levantó, caminó hacia mí, puso su mano sobre mi hombro y lo apretó cariñosamente.
-Por definición, señor Og, un trapero es alguien que recoge trapos y otros materiales de desperdicio de las calles y basureros para ganarse la vida. Me imagino que esa clase de
traperos casi ha desaparecido de la escena norteamericana durante estos años de empleo, pero podríamos verlos nuevamente si cambiaran las condiciones.
-Lo dudo. Nuestro porcentaje de crímenes parece decirnos que hemos descubierto formas más rápidas y fáciles de echarle el guante a un dólar... como los asaltos, los robos y las raterías.
-Me temo que lo que usted dice es verdad, señor Og. En estos días en que los precios del papel y los metales se elevan desmesuradamente, me imagino que un trapero o un basurero puede subsistir. Sin embargo, yo no soy ese tipo de trapero. Busco materiales más valiosos que viejos periódicos y botes de aluminio de cerveza. Busco los desperdicios de tipo humano, personas que han sido abandonadas por otras o por sí mismas, individuos que todavía poseen grandes potenciales pero han perdido su dignidad o el deseo de una vida mejor. Cuando les encuentro trato de cambiar sus vidas por una mejor, darles un nuevo sentido de esperanza y dirección, y ayudarles a regresar de su muerte viviente... lo cual es para mí el milagro más grande del mundo. Y, por supuesto, la sabiduría que he recibido de los libros de "la mano de Dios" me ha ayudado grandemente en mi, digamos, profesión.
"Vea esta cruz de madera que uso con frecuencia. Fue tallada por un joven que una vez fue encargado del embarco de mercancía. Me topé con él una noche en la avenida Wilson... o
más bien diría que él se topó conmigo. Estaba ebrio. Le traje aquí. Después de varias tazas de café negro, una ducha helada y algo de comida, platicamos. Era realmente un alma perdida,
casi hundida por su incapacidad de mantener adecuadamente a su esposa y a sus dos hijos.
Había estado trabajando en dos empleos, más de diecisiete horas diarias, durante casi tres años y había llegado al límite.
Había empezado a refugiarse en la bebida cuando le encontré... tratando de no enfrentarse con su muerte viviente y con una conciencia que le decía que no era digno de su joven y maravillosa familia. Me las arreglé para convencerle de que su situación era común y estaba muy lejos de ser desesperante, y empezó a visitarme casi a diario, antes de ir a su trabajo nocturno. Juntos descubrimos y discutimos muchos de los antiguos y modernos,secretos de la felicidad y del éxito. Creo que analizamos a todos los sabios, desde Salomón a Emerson y a Gibrán. Y él escuchaba cuidadosamente.
-¿Qué sucedió con él?
-Cuando tuvo ahorrados mil dólares renunció a ambos empleos, metió a su familia dentro de su viejo Plymouth y se fue hacia Arizona. Ahora tienen una tienda a la vera del camino, a las
afueras de Scottsdale, y está empezando a ganar mucho dinero con sus artesanías de madera.
De cuando en cuando me escribe, siempre agradeciéndome por haberle dado el valor que necesitaba para cambiar de vida. Actualmente es un hombre feliz y satisfecho... no rico, pero sí más contento.
Vea, señor Og, la mayoría de nosotros construimos prisiones para nosotros mismos y después de vivir ahí por algún tiempo nos acostumbramos a sus paredes y aceptamos la premisa falsa de que estamos encarcelados para siempre. Tan pronto como esta creencia se posesiona de nosotros, abandonamos la esperanza de hacer algo más con nuestras vidas o de alguna vez darle la oportunidad de lograr nuestras ilusiones. Nos convertimos en muñecos y empezamos a sufrir una muerte viviente. Puede ser loable y noble sacrificar su vida por una causa o un negocio o la felicidad de otros, pero si se es miserable y vacío en esa forma de vida, a sabiendas, entonces permanecer así es una hipocresía, una mentira y un rechazo de la fe puesta en uno por su creador.
-Simón, discúlpeme, pero ¿nunca se le ha ocurrido que posiblemente no debería intervenir en la vida de las personas o que no tiene derecho de hacerlo? Después de todo, ellos no lo buscan.
Usted debe encontrarlos y convencerlos de que pueden tener una nueva vida si están deseosos de intentarlo. ¿No está tratando de jugar a ser Dios?
Las facciones del viejo se suavizaron con una mirada de simpatía y compasión por mí aparente falta de percepción y entendimiento. Su respuesta fue breve... y clemente.
-Señor Og, no estoy jugando a ser Dios. Lo que usted aprenderá, más tarde o más temprano, es que Dios juega con frecuencia a ser hombre. Dios no hará nada sin el hombre y siempre que hace un milagro lo hace a través del hombre.
Se levantó como si quisiera terminar abruptamente mi visita, una técnica que yo uso con frecuencia en la oficina si lo que más me conviene es terminar una entrevista.
Le estreché la mano y me encaminé hacia el corredor.
-Gracias por la hospitalidad y el jerez.
-Fue un placer, señor Og. Y, por favor, tráigame una copia de su libro en cuanto pueda.
Durante el largo viaje hasta mi casa una pregunta siguió martillando en mis pensamientos.
Si ese viejo trapero se especializaba en rescatar los desperdicios humanos,  ¿por qué perdía su tiempo conmigo, presidente de una exitosa y rica compañía que se encontraba entre los del cincuenta por ciento de impuestos y que acababa de escribir un best seller?
Continuará….                      Simona.


The Best Thing That Ever Happened To Me
Gladys Knight & The Pips
Written by Jim Weatherly

I've had my share of life's ups and downs
But fate's been kind, the downs have been few
I guess you could say that I've been lucky
Well, I guess you could say that it's all because of you

If anyone should ever write my life story
For whatever reason there might be
Ooo, you'll be there between each line of pain and glory
'Cause you're the best thing that ever happened to me
Ah, you're the best thing that ever happened to me

Oh, there have been times when times were hard
But always somehow I made it, I made it through
'Cause for every moment that I've spent hurting
There was a moment that I spent, ah, just loving you

If anyone should ever write my life story
For whatever reason there might be
Oh, you'll be there between each line of pain and glory
'Cause you're the best thing that ever happened to me
Oh, you're the best thing that ever happened to me
I know, you're the best thing, oh, that ever happened to me

TRADUCCION.
Lo mejor cosa que me ha sucedido.
He tenido en mi vida, subes y bajas,
Pero el destino es bueno, las dudas han sido pocas,
Creo que se puede decir que he tenido la suerte
Bueno, supongo que se podría decir que todo es por tu culpa

Si alguien alguna vez debiera escribir mi historia de vida
Por alguna razón que podría haber
Ooo, tu estarás allí entre cada línea del dolor y la gloria
Porque tú eres lo mejor que alguna vez me paso a mí.
¡Ah, eres la mejor cosa, que a mí me sucedió.

Oh, ha habido momentos en que los tiempos eran difíciles
Pero siempre de alguna manera lo hice, a través de ti,
Porque por cada momento que he pasado lastimada,
Hubo un momento que he pasado, ah, sólo amarte

Si alguien alguna vez debería escribir mi historia de vida
Por alguna razón que podría haber
Ooo, tu estarás allí entre cada línea del dolor y la gloria
Porque tú eres lo mejor que alguna vez me paso a mi.
¡Ah, eres la mejor cosa, que a mí me sucedió.
¡Ah, eres la mejor cosa, que a mí me sucedió.

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