domingo, 5 de septiembre de 2010

El Milagro mas grande del mundo. Cap.6


Capítulo 6

Reconocimientos:
El Milagro más grande del mundo, es un cuadro de imaginación
Colorida, pintado brillantemente por un maestro de la ilación
De las palabras…Una experiencia  Indeleble...
Buddy Kaye.

Las horas frente al ordenador llenan mi vida.
Mientras preparo cada uno de estos capítulos con la imagen y
La canción tratando de hilar todo lo que anhelo transmitir.
Me entusiasmo tanto al señalar cada palabra, cada párrafo,
Que imagino Eres Tú, quien dirige mis sentidos y me convierto
En Trapera, Gracias Og, Gracias por todo lo que significas en
Mi vida.
Simona.


El día de su cumpleaños número setenta y nueve lo sorprendí con un regalo.
La impresión de que yo hubiera recordado la fecha exacta de su aniversario, el trece de noviembre, que había surgido en una de nuestras primeras conversaciones, le puso eufórico.
Detesto ir de compras, pero me pasé dos sábados completos buscando algo único y relevante que comprar para Simón. Finalmente lo encontré en Marshall Field's, en Woodfield... un geranio de vidrio fundido. Medía como medio metro, tenía un colorido y una textura tan reales que a menos de que se tocara no podía saberse que había crecido en el más extravagante invernadero.
Simón poseía un macetero, el único que había afuera de una ventana en todo el edificio.
Dijo que lo había colocado tan pronto como se había cambiado a ese apartamento, y que una vez al año lo metía y lo pintaba cuidadosamente con pintura verde. También, cada primavera, plantaba incontables semillas de geranio, su planta favorita, las cuales luchaban por florecer, después se ponían terriblemente amarillas y verdes y finalmente morían. El año anterior, me dijo, trató de cambiar su suerte esperando a que fuera mediados de verano y comprando plantas crecidas y en flor. Dos semanas más tarde estaban cafés y muertas. Sin embargo, no se daba por vencido. Había encontrado una especie, en un libro, con la cual iba a intentar la próxima primavera.
El viejo insistió en que jamás le había fallado la plantación de geranios ni en su jardín de Damasco ni en el de Sachsenhausen. Una vez me describió con lujo de detalles como desenterraba sus plantas favoritas antes de la primera helada, como las ponía a secar en una base y como las volvía a plantar en la primavera... uno de sus primeros triunfos para ayudar a que las cosas vivientes empezaran una nueva vida. Algunos de sus geranios tenían más de veinte años. Pero no en Chicago. Simón culpó a la contaminación.
-¿Cómo puede sobrevivir algo en esta lluvia de muerte proveniente de arriba y de los monstruos de gasolina de la calle? Observe el exterior, señor Og. Hoy es noche de luna llena.
¿Puede verla? ¡Por supuesto que no puede! Estamos rodeados por nuestro propio rechazo. Nos bañamos en él. Respiramos en él. Comemos en él. Hasta el agua con la que riego mis plantas contiene productos químicos que matarían a una cucaracha. Actualmente solo las plantas y las aves mueren. Mañana, ¿quién sabe? Aun así tengo fe en que finalmente podré criar un geranio y en que la raza humana despertará a tiempo para prevenir que su mundo se convierta en un gigantesco basurero.
-Va a ser necesario que intervenga un ejército de traperos para lograr esto, Simón.
-Para que este planeta sobreviva va a ser necesario que  finalmente cada ser humano se convierta en su propio trapero. No debe depender de su vecino para salvarse.
Créame, señor Og, esto pasará.
En Field's habían envuelto mi regalo con el papel más extravagante del mundo, y cuando abrí la puerta y deposité la gran caja dorada en sus manos y dije simplemente: “Felicidades, viejo amigo”, tomó la caja, abrió la boca sin poder articular palabra. Después brotaron de sus ojos unos lagrimones que se deslizaron por sus mejillas. Depositó cuidadosamente la caja en el suelo y me abrazó. Finalmente puso sus gigantescas manos a ambos lados de mi cara y me besó en la frente.
-Señor Og, este es el primer regalo de cumpleaños que recibo desde hace treinta y cinco años.
¿Cómo supo el día?
-Un día lo dejó escapar. Abra la caja.
-No puedo. Es demasiado maravillosa como para abrirla. El papel, es tan bonito. No debería ser roto.
-Se trata solo de un pedazo de papel. Adelante. Ábralo.
Simón se sentó en la alfombra y depositó la caja frente a él de manera que quedaba una de sus piernas a cada lado de esta. Primero desamarró cuidadosamente el listón y lo puso a un
lado. Después deslizó los dedos debajo del papel, y cuando encontraba un pedazo de cinta adhesiva la desprendía cuidadosamente, para al fin desenvolver la gran caja de cartón café.
Posteriormente sacó su navaja de bolsillo, cortó la tira engomada de la superficie superior y abrió la tapa. Miró hacia el interior y frunció el entrecejo. Entonces empezó a sacar los metros de papel con el que había sido empacada la planta, saboreando cada momento con esa clase de excitación y anticipación infantiles que solamente pueden verse en Navidad. Por último Tomó cariñosamente su regalo, del interior de la caja.
- ¡Un geranio! No puedo creerlo. ¡Un pelargonio de la mejor clase! Una flor de exhibición, una aristócrata de sangre azul, si es que alguna vez he visto una. ¡Y no es real! ¡Dios mío! ¡Es de vidrio! Señor Og, ¿en dónde encontró esta increíble obra de arte? Y observe ¡observe el rojo de su florecimiento! En una ocasión, en Jerusalén, vi un geranio con el mismo brillo iridiscente.
Traté de comprarlo pero no tuve éxito. ¡Que regalo! Un regalo tan costoso, señor Og. ¿Qué puedo decir?
-No diga nada, Simón. Me siento feliz de que le haya agradado. Solo es una muestra de amor y agradecimiento por todas las horas de sabiduría y esperanza que ha compartido conmigo. Feliz cumpleaños... y le deseo otros setenta y nueve más.
Para entonces se había puesto de pie, llevando la planta de un lugar a otro, buscando el lugar perfecto para ella. La depositó en la mesilla del café, se alejó, estudió la situación por algunos minutos, sacudió la cabeza en señal de desaprobación y la quitó de ahí. Después la colocó sobre el aparato de televisión. Tampoco.
Después la colocó en la mesa, detrás de las fotografías de su familia. Se veía mejor. Pero no era el lugar adecuado.
Al observar su nerviosidad mientras movía su regalo de un lado a otro, tuve repentinamente una inspiración.
-Simón, existe sólo un lugar perfecto para el geranio.
Hizo una pausa, de mala gana, como si le estuviera echando a perder su diversión.
-¿Donde, señor Og?
-Bien, es de vidrio, así que la contaminación no lo dañará.
¿Por qué no lo planta en el exterior, en el macetero de la ventana? Quién más, en toda la ciudad, tendrá un geranio en su ventana floreciendo en noviembre... y diciembre... y enero, y todos los meses del año?
-Eso fue un toque de ingenio, señor Og. Además puede estar allí para desearle los buenos días, cada mañana, mientras maneja hacia el interior del estacionamiento. Lo haré. Pero... usted debe llevar a cabo la ceremonia.
-¿La ceremonia? ¿Qué quiere decir?
-Debe plantarlo por mí. Espere... espere... Traeré mi pala.
Y así, entre los dos, plantamos nuestro geranio de vidrio de noventa y cinco dólares.
Luchamos contra la ventana de la sala hasta que se movió de mala gana y mientras unas ráfagas de los vientos prematuros de invierno casi cortaron mi respiración, me asomé e hice un Agujero en la tierra casi congelada del macetero. Simón me pasó la planta y enterré el tiesto, cubriéndolo con arena, para que solo se viera la planta. Después nos alejamos un poco para admirar nuestro paisaje mientras la luz de la sala se reflejaba en los pétalos de la flor.
-Es muy hermosa, es muy especial -gritó Simón-. Finalmente tengo mi geranio. ¿Lo ve? Aquel que persevera alcanza.
¡Quien si no usted encontraría un regalo así!
-Es para mí trapero favorito, eso es todo.
Después hicimos un brindis, con Jerez, por supuesto, por sus setenta y nueve años, y mientras nos sentábamos observé que Simón luchaba para mantener bajo control sus emociones.
Sus labios temblaban ligeramente y sus ojos estaban entrecerrados. Me pregunté a mi mismo cuál sería el recuerdo en el que se encontraba sumergido, pero no formulé la pregunta. Finalmente sacudió la cabeza, como si pretendiera aclarar su mente, y dijo:
-Nada es más vergonzoso que un viejo no pueda mostrar con algo que ha vivido mucho excepto por sus años.
-Se quien dijo eso. Fue Séneca, ¿no?
-Señor Og, usted es demasiado listo para tener solamente cincuenta años de edad.
-Pero, Simón usted tiene mucho que mostrar acerca de su vida. Solo tomando en cuenta todos estos años en los que ha vivido como trapero con todas esas personas a las que ha ayudado
-Sí... mis ángeles provenientes del basurero. Amo a cada uno de ellos. Son mi boleto al cielo...
mi pasaporte hacia Lisha… y Eric.
-Simón, me gusta más que el de Séneca el comentario de Henry Ford acerca de las personas viejas.
-¿Sí?
-Ford dijo que si se sacara toda la experiencia y el juicio de las personas que pasaban de los cincuenta años de edad en este mundo no habría suficientes cerebros y talentos para que este Funcionará.
-Pero, señor Og, Ford no dijo eso hasta que había pasado los cincuenta. Y entonces, por supuesto, estaba de moda el comentario del humorista alemán del siglo dieciocho, Ritcher.
 ¿Lo sabe?
-Sabía que me superaría. Adelante.
-Ritcher dijo: "Como un sueño de la mañana, la vida se vuelve más brillante mientras más vivimos, y la razón de todas las cosas aparece más clara. Lo que nos ha preocupado antes nos parece menos misterioso, y las sendas tortuosas parecen ser más rectas cuando nos aproximamos al fin".
Como si un imán gigantesco me atrajera repentinamente, me levanté de mi asiento, me dirigí hacia Simón y me senté a sus pies. Levanté la cabeza hacia su hermosa cara y dije:
-El "Memorándum de Dios". Creo que estoy listo para leerlo. Consideraría un honor y un privilegio que me lo diera y le prometo que haré todo lo que este en mis manos para entregarlo al mundo. No puedo acordarme de ninguna época desde que empezó nuestra relación en la cual lo haya necesitado más que ahora.
El viejo suspiró suavemente; en su cara había una expresión de descanso abrumadora.
-Temía que hubiera rechazado mi oferta o, que con el paso de los meses, la hubiera olvidado.
Su aceptación es un regalo aun mayor que el geranio. Sin embargo, he pensado algunas cosas desde que le hice mi Ofrecimiento.
-Simón, lo que quiere decir es que ha cambiado de opinión.
-No, no... no es eso. Sólo que he pensado que las personas pueden no tomar en serio su mensaje, señor Og, ya que es sencillo, corto y básico.
 Actualmente parece ser que mientras más complicadas, resonantes y costosas se hagan las instrucciones para la propia ayuda, más personas son atraídas, mientras que tienden a hacer menos a individuos tales como Dale Carnegie, Dorothea Brande, Napoleón Hill, Norman Vincent Peale y hasta a W. Clement Stone,
quienes ofrecen soluciones sencillas pero prácticas para los problemas de la vida. Más aún, es una cosa aconsejar y consolar a una persona, conociéndola personalmente, antes de introducirla al "Memorándum de Dios", debido a que se posee la fuerza de la personalidad que añade fe a su regalo. Y es un problema totalmente distinto el que las palabras impresas, sin ningún primer condicionamiento mental de la persona, sean lo suficientemente fuertes como para motivar a que el lector actúe.
-Simón, siempre habrá un pequeño grupo de detractores, con mucha educación y poca experiencia, listo para acusarle de ofrecer soluciones simplistas y protectoras a lo que ellos clasifican como problemas extremadamente complicados, necesitando por lo general cinco años de sesiones de terapia con un costo de cincuenta dólares la visita semanal. Así pues, me gustaría obtener un dólar por cada ser humano que haya sido ayudado, verdaderamente ayudado, inspirado por la lectura de Carnegie, Peale, Brande, Hill, Stone y muchos otros, aun sin haber conocido a los autores.
-Incluyendo a Mandino.
-Formaré parte de ese grupo el día que ellos me necesiten: Simón, ¿aun quiere multiplicarse a sí mismo?,
 ¿Aún quiere ayudar a miles y no sólo a un puñado?
-Por supuesto.
-Bien, hay dos ingredientes necesarios para que el
 "Memorándum de Dios" se convierta en todo un éxito.
En primer lugar, debe existir la necesidad de él y entonces debe haber un escaparate que asegure la amplia distribución entre aquellos que lo necesiten. Recuerdo qué Lillian Roth escribió en su libro I'll Cry Tomorrow, que había sido incapaz de rescatarse a sí misma de su muerte en vida, por el alcoholismo, hasta que finalmente aprendió a decir las dos palabras más difíciles que jamás pronunció. Dichas palabras eran "necesito ayuda". Usted mismo me dijo que el mejor momento para ayudar a las personas era cuándo habían perdido toda esperanza y ya no contaban con nadie en quien apoyarse. Simón, si se pone a escuchar, casi podrá oír un coro de millones de personas de toda clase, posición y profesión en el mundo, pidiendo ayuda
La necesidad de su mensaje ahora, es tan grande que posiblemente nunca la llenaremos tan bien como deberíamos. Rico o pobre, blanco o negro, bello o feo, solitario o no... todos necesitan ayuda. Existen millones que piensan que la vida, su vida, no ha sido el paraíso, en cambio sí un infierno... en la tierra.
Simón había inclinado la cabeza y estaba tan pendiente de mi conversación como generalmente yo lo estaba de la suya. No hizo ningún comentario, así que continué.
-El segundo ingrediente para asegurar el éxito es que el “Memorándum” obtenga una buena distribución. Ni siquiera lo he leído, pero le prometo esto: haré del “Memorándum de Dios”
parte de mi próximo libro y también escribiré sobre usted... y llamaré al libro El milagro más grande del mundo. Le mostraremos al mundo cómo realizar ese milagro... cómo reciclar su propia vida y a regresar de su muerte en vida.
-¿Haría usted eso por mí?
-Por usted, por supuesto... pero también por todos aquellos seres humanos que desean una oportunidad para vivir y ni siquiera se dan cuenta de que ésta los está esperando.
De repente toda la habitación se llenó con su risa.
-Señor Og, como recuerdo de mis días como presidente, la mayor parte de los memorándums tenían copias al carbón que pasaban a diversos individuos o departamentos dentro de la organización.
 El "Memorándum de Dios"... ¿podemos sacarle copias para distribuirlas por el mundo?
-¿Por qué no? Tenemos cuatro mil millones de trabajadores en esta compañía nuestra, todos luchando por una vida mejor... o deseando luchar si supieran cómo.
Démosles a todos la oportunidad de descubrir el milagro más grande del mundo y, cuando eso suceda, tendremos nuestro cielo aquí mismo, ¡en la tierra!
-Nosotros les mostraremos cómo, señor Og, se lo mostraremos.
-Simón, al igual que la mayoría de las veces que estoy con usted he perdido la noción del tiempo. Debo apresurarme. ¿Puede proporcionarme el “Memorándum” para que lo lea durante el fin de semana?
Su vacilación casi imperceptible podría haber pasado desapercibida para cualquier otro.
-No esta noche, amigo mío, pero sí pronto... muy pronto estará en su poder.
Lo conocía lo suficiente como para no presionarle.
-Está bien; buenas noches, viejo amigo.
-Buenas noches, joven amigo. Y gracias por esta fiesta de cumpleaños que nunca olvidaré.
Usted ha encendido una vela para mí esta noche.
Mientras caminaba por debajo de la barra del estacionamiento que él había sostenido aquel día en la nieve, aproximadamente un año antes, me volví y miré hacia la ventana de su departamento.
Ahí, dibujado contra la cálida luz proveniente de la sala, estaba la oscura sombra del nuevo geranio rojo de Simón.
SIMONA.
Continuara.

Michael Jackson - Heal the World


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