En años anteriores me sentí muy importante, por trabajar para una empresa muy conocida; con mucha dedicación y esfuerzo logre ir escalando, hasta llegar al puesto máximo que pudiera aspirar una persona como yo, del sexo femenino y con estudios no conclusos.
Fueron años de satisfacciones personales y a la vez de mucho sacrificio, la ausencia en el hogar me negó la posibilidad de ver crecer a mis hijas, de disfrutar de su compañía, de su adolescencia, y de tantas cosas en común, también me perdí de compartir más tiempo con mi esposo, con su mundo, con mis amistades, etc.
Finalmente un fin de año, después de muchos logros y reconocimientos, sin miramiento alguno, me vi fuera de la empresa.
¿Donde quedo mi amor a la camiseta?
¿Donde quedaron mis años de entrega? ¿Se fueron a la basura?
Ya han pasado diez años de estos acontecimientos y hoy con certeza me contesto… Dios tiene destinado un camino para cada uno de sus hijos… marcarme un alto en ese entonces fue preciso, darle vuelta a la hoja y seguir, reconsiderar los espacios, apreciar la salud, al final comprender que sigo siendo importante, no por el trabajo ni el puesto, sino por la persona que soy.
Hoy considero lo bueno que tengo, una vez mas de me doy cuenta, de lo valiosa que soy y de las cosas positivas que tengo a mi favor.
Las sonrisas están, el sol brilla a todo su esplendor,
La música suena en el DESVAN.
Finalmente avance hacia la vida… que Dios me señalo…
Con Fuerza, con valor, con confianza y sobre todo,
Con mucho entusiasmo por Vivir.
SIMONA.

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